lunes, noviembre 11, 2013

La hora de almuerzo...



El frío despierta una sensación de tristeza y calma en la piel; como cuando algo está a punto de suceder, ni bueno ni malo, solo algo que es inevitable. Cerrar los ojos y sentirlo resbalarse por todo el cuerpo, como un miedo súbito que te toca sin aviso y luego caer en la cuenta que solo fue un beso del aire. 

Ver el final en una caricia del viento. Sentirlo cerca. No sé… ¿Me dejo caer? ¿Me dejo llevar por el viento? ¿Como justificaría con este acto, con esta caída? ¿Sería suficiente pedirle al cielo que tan solo me abrace y me adormezca para que el miedo no se aferre cuando llegue al suelo? ¿Podría pedirle al cielo un poco de piedad para que el castigo  no sea tan grave, tan eterno?

Solo escucho risas detrás de mí. No hay nada más. Tampoco hay miradas. Ni sonrisas. Solo carcajadas que se burlan de mis pensamientos. Esos que esperan que el final sea este. Tan solo este. 

El murmullo se transforma lento e inentendible, no comprendo lo que dicen. Me siento como dopado por una droga que me hace ver, oír y sentir en cámara lenta. Un vistazo despacio hacia atrás provoca furor, pero veo todo borroso no los distingo. Pierdo las fuerzas y la valentía. No sé… Ya no sé. 

…………………….

Atrás de él todos le veían ansiosos. No habían justificaciones para retrasar lo inevitable, no solo por el destino que le esperaba sino porque la hora de almuerzo estaba por terminar y contar el dinero de las apuestas siempre retrasaba a más de algunos que recibían amonestaciones de parte de sus jefes pues las llamadas no se contestaban y ese era dinero perdido en aquel call center de aquella zona exclusiva, de aquel edificio altísimo, de aquella miserable ciudad.

Dentro de unos instantes no quedará nada más que una estela de lágrimas inciertas que se llevará el viento al que no le alcanzarán sus largos brazos para acompañar la caída. Y vio hacia atrás, todos reían esperando ese final perfecto de media jornada.

Titubeó, de pronto las molestias. El tiempo comenzaba a correr más a prisa, el suelo y los espectadores se impacientaban. –ya no quiero- dijo sollozando, se alejó de la ventana. Se quitó el chaleco oficial del suicida y la molestia del público se reflejó en improperios e insultos para su repentina cobardía.

-¿Alguien más?- dijo el líder. –Alguien tiene que morir hoy, no podemos quedarnos así nomás tan tranquilos si no se muere alguien hoy, ¿Algún voluntario?... No sean así mucha. Ninguno de ustedes tiene buenas y justificadas razones para seguir viviendo, lo sé porque los conozco-.

-Julio, ¿Vos? ¡¿No?!... Puta muchá, no chinguen, y que vamos a hacer con todo el dinero que juntamos, la apuesta tiene que seguir, todavía quedan unos cinco minutos… No sean así muchá, si son diez pisos ¿Ustedes creen que van a sentir algo cuando caigan? No van a sentir ni mierda, se los juro, solo tienen que cerrar los ojos y tirarse-.

Todos se miraban inquietos, culpables, cabizbajos. Era una responsabilidad, no había forma de evadir a la muerte, ya no… Alguien debía morir debían cuidar el promedio, los números son clave para mantener la reputación de la empresa, ya que las otras empresas del sector mantenían su tasa de suicidio en condiciones medianamente respetables. 

Se hablaría de ese acto de cobardía de Cesar. El miedoso del Checha. Se tiene que hacer espacio, la gente ya no cabe; de una forma o de otra las personas deben de morir. Más ahora en las situación actual del país. 

Un suicidio significa para la familia del fallecido una condición de felicidad suprema. Pues los familiares directos reciben Q100 mil por cada año a partir del suicidio. Pagos que se han hecho efectivos y fiscalizados por sindicalistas y que están estipulados en los Pactos Colectivos de Condiciones de Trabajo de cada empresa. 

Como sabrían que se movería mucho dinero al respecto. Se agregó, hacía dos años, un rubro adicional en la Bolsa de Valores Nacional, en donde se crearon acciones preferenciales en donde inversionistas individuales pueden depositar su dinero para financiar los suicidios, con buenas tasas de interés.

Lo anterior provocó que una serie de insufribles y miserables seres humanos encontraran un final digno lanzándose desde los edificios de sus empresas. Esto, también beneficia a los empresarios pues el edificio gana plusvalía y la corporación gana reputación y un poco de efectivo. 

Por cada suicida las empresas obtienen un 85 por ciento de las ganancias que se generan de las acciones. Las familias obtienen Q100 mil anuales. 

Además, estas reformas a las leyes de trabajo exoneraron a los trabajadores del Estado, quienes protestaron y continúan manifestando por la no inclusión de su derecho al suicidio. Consideraron que se trata de una violación pues ellos tienen el derecho de recibir todo ese dinero que ahora circula. 

Esta ola de suicidios también incrementó la construcción de edificios, pues mientras más alta sea la caída, más dinero recibe la familia y por lo tanto los empresarios. Esto disparó el mercado inmobiliario a cifras nunca antes vistas convirtiendo el suicidio y la construcción en un slogan de varias empresas que se dedicaron a contratar gente única y exclusivamente para que se quite la vida.

Nunca antes las familias de la ciudad se habían quedado sin madres y sin padres de familia y al mismo tiempo habían sido tan prósperos y felices; pues cuando una persona decide que se quitará la vida pro del bienestar de los demás, lejos de la tristeza que causa, toda la familia festeja en regocijo por tan acertada decisión y así los días han pasado acumulando muertos para el dolor de nadie. 

Por ello, la gran molestia en contra de Cesar, no solo porque los números de la empresa bajarían y probablemente sería despedido al día siguiente por su acto cobarde y su egoísmo. Tanto le afectaría que nadie le daría trabajo, pues como no puede ser un potencial suicida nadie se beneficiaría con él. Y no solo se enojarían los jefes, sino todos los colegas, pues desde la implantación del suicida los empleados han realizado apuestas para juntar un poco de dinero para ellos. La apuesta es simple ¿Cae de espaldas o de frente? 

De pronto, de los comentario de los compañero de trabajo, en el décimo piso del Call Center, un alma valiente enfrentó al líder cuestionándole porqué no se lanzaba él si tanta era su gana de presionar. 

 -Jorge, da la cara Jorge, te reconozco la voz, no te escondas… Mirá, yo no me tiro porque tengo familia, que no la quiera es una cosa, pero tengo que darles dinero para que al menos coman, ¿O no?, Ya ves, entonces no puedo tirarme, vos solo tenés un patojo y tu esposa trabaja, que ella lo mantenga. Tiráte hombre, no seas miedoso, solo estamos adelantando la fecha que tenías para dentro de dos semanas. Lástima que el Javier no ande por acá, ese pisado tenía que tirarse mañana, sino lo adelantábamos ahorita-.

-Pero no me puedo tirar, tengo que avisar primero. No sería justo tirarme así sin avisarle a mi familia que me voy a matar, por eso está programado para dentro de varias semanas, no me presionés así, querés-, respondió Jorge alterado.

-Va, está bueno pues no te enojés. ¿Entonces? ¿Nadie?-

De pronto, en un instante que fue apenas un parpadeo, una sombra pasó a gran velocidad por la ventana que seguía abierta. Emocionados se acercaron a la ventana con rapidez para observar que pasaba.

-Es Checha, se tiró de más arriba, el maje de plano pensó que no iba a morir, pero igual, miren como cae… … … … … 

Chipluc, cayó. Bueno, ¿Quién tiene los larga vistas? Pasáme los binoculares, ahí están sobre la mesa, apuráte que tenemos que ver si cayó de espaldas o de cara… Bueno, antes de revisar los resultados, sus papeles porfa… ¿Cuántos de espalda? 10 ¿De cara? Uno, dos… doce, púchica muchá que crueles se están poniendo, pero es bueno variar de vez en cuando… 

Bueno, nadie se vaya acercar a la ventana, acuérdense de confiar en mi juicio, yo no apuesto… Va, veamos… No miro nada, ah, ahí está y… Espérense, ¿Qué putas? No… ¡Mierda!, ese maje se cagó en todo… El Checha se tiró de muy alto el pisado, por eso en este edificio tenemos establecido que se tiren del décimo.

-¿Por qué? ¿Qué pasó?-preguntó la multitud desesperada.

-Es que no sabría decirles donde empieza y dónde termina el Checha… Mucho menos si cayó de espaldas. Bueno, al parecer el destino estaba fijado, nadie ganaría nada hoy… Bueno, que les parece si dejamos este dinero acumulado para la apuesta de mañana y vemos como nos va con el Javier… ¿Les parece?-

Todos afirmaron con la cabeza, con un simple “va pues”, “si vos decís”, “a va”, “dejémolo así pué”.-Bueno- dijo el Líder –ya casi termina la hora de almuerzo, ¿Quién baja conmigo? Así vemos de cerca al tonto ese y revisamos bien, aunque ya no valga. Voy a llamar a los de la limpieza para que vayan a recogerlo de una vez… Vamos pues ¿Quién me acompaña? ¿Solo ustedes?… Buen provecho ustedes muchá. 

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