domingo, junio 30, 2019

Aburrimiento

Los días en la oficina del puerto de Iztapa podían ser muy aburridos.
Levantarse a las seis de la mañana estar listo para el desayuno que se servía a las siete en punto y luego la jornada laboral que principiaba a las 8 de la mañana, como cualquier otra oficina.
Adentro del trailer que hacía de oficina teníamos aire acondicionado, el calor no era tan bochornoso como afuera y podíamos andar con camisa tranquilamente.
Cuando no se aproximaban fechas de pago mi trabajo era sencillo y terminaba temprano, muchas veces después del almuerzo ya no tenía nada que hacer, me la pasaba matando el tiempo jugando solitario, buscaminas o freecell. Eran tiempos de Windows 95, para meterse al internet había que conectar la línea telefónica al modem de la computadora y hacer escándalo con los pitos en la bocina de la PC, lo que era poco práctico y los demás en la oficina se daban cuenta que me la pasaba el día haciendo como que trabajaba.
Me gustaba salir al patio de la planta, uno de sus costados daba directamente al canal artificial que se había creado para que entraran los barcos pesqueros y se les hiciera mantenimiento. Había un barco que estaba anclado allí mismo esperando que se apiadaran de él y ponerlo en funcionamiento de nuevo, era más bien un cascarón flotante.
El personal de la planta que no estaba bajo el aire acondicionado trabaja a su propio ritmo: mecánicos, torneros, rederos, bodegueros. Cada quien según los barcos lo necesitaran.
El canal se llenaba y vaciaba con las mareas, un par de veces lo recorrí en una lanchita de remos, habían manglares donde se escondían garzas, iguanas, garrobos y quién sabe cuántos animales.
-Con este calor dan ganas de tirarse al canal en pelotas-, le dije un día al redero.
-Va, tirate-. Me dijo el redero al mismo tiempo que reparaba una red hecha de cáñamo grueso, que más parecía una hamaca, mientras estaba sentado en una hamaca hecha de cáñamo grueso.
-Uno de estos días lo voy a hacer, vas a ver.
No había visto a nadie nadando en el canal, pero no se veía tan sucio, igual se me hacía como algo que habría visto en alguna película o anuncio en la tele, tener la espontaneidad de quedarme tirarme al canal, era como demostrar algo, a los demás y a mí mismo, que si algo se nos ocurre nos aventemos y nos tiremos a la aventura.
Así que una tarde a las cuatro cuando toda la gente de la planta se disponía a salir "puros albañiles" como se dice en buen chapín, estaba viendo el canal y escuché a alguien que me dijo "no que te querés tirar pues" y pensé, y porqué no.
Allí mismo me quité toda la ropa y me quedé en calzoncillos, empecé a correr y di el salto hacia el canal.
Hay algunas cosas que cuando te ocurren pareciera que todo fuera en cámara lenta, supongo que le pasa a mucha gente porque había visto suficientes caricaturas japonesas para ver que los personajes se quedan suspendidos a medio brinco recordando el pasado.
En mi caso la sensación fue la misma de cuando hice mi primer salto en bicicleta. Andar con las rueditas de entrenamiento no es la gran cosa, luego después de una caída se rompió una de las rueditas, lo que me forzó a pedalear con una llantita entrenadora al aire, ya luego fue cosa de quitar la llantita que quedaba y pude pedalear como todo un profesional, o al menos como los demás niños, en mi mente alucinaba con hacer saltos, caballitos y piruetas, practiqué mucho, tuve mucha mejor suerte que con la patineta que me habían regalado anteriormente y que tuvo un fatídico final cuando terminando una bajada di un salto y me quedé flotando en el aire y mi patineta era tragada por un tragante y nunca la volví a ver.
Un día, con mucha emoción me acerqué al bulto de tierra donde practicaban sus saltos los demás chicos y lo logré, tal vez fue un poco exagerado pero sentí que pasaba por sobre las cabezas de todos, miraba las llantas rodar muy despacio, me sentí en gravedad cero, libre, el viento soplaba mi cara y yo estaba firmemente agarrado del timón, caí suavemente en la tierra y hasta me eché una mi guanaca, todos aplaudían y me echaban porras.
O al menos así es como me gusta recordarlo.
Como les digo, y después de esta pequeña pausa al estilo anime sigo con el relato de cómo iba flotando en el aire, cayendo en cámara lenta hacia el canal.
¡Splash!
La superficie del agua se sentía aceitosa y olía a pintura, tuve que mantener la boca cerrada para no tragar ni un poco. Estaba un poco más fría de lo que había imaginado, pero había cumplido mi sueño de saltar, de tirarme al agua, estaba nadando tranquilamente panza arriba cuando un bulto pasó flotando a mi lado, era una gallina muerta con las patas estiradas apuntando al cielo.
La marea estaba bajando y la distancia entre mi humanidad y el borde del canal se hacía más grande, no me daban los brazos para alcanzar la orilla y salir de allí, afortunadamente el barco tenía una escalerita de la que me pude asir para poder emerger triunfalmente y ver las caras de sorprendidos de toda la gente que me había visto saltar, me aplaudían y me echaban porras, o al menos así es como me gusta recordarlo.
Un poco arrepentido y apestando a aceite quemado recogí mi ropa y le sonreí a la banda, como pude me vestí sin secarme y me fui corriendo a la casa, casi pude escuchar al redero cuando pasé a su lado que decía, mientras tejía su red, "loco serote".

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