domingo, septiembre 12, 2021

NAIPES

 La mesa del comedor era gobernada por los adultos jugando cartas. Unas noches era en mi casa, otras en casa de mi tía, otras donde algún vecino. Para jugar conquián se necesitan tres personas, era común tener amigos o vecinos invitados en la casa. A veces ellos llegaban con sus hijos. Unos me caían bien, otros no tanto. Como siempre en la mesa los mirones son de palo y aunque las apuestas no eran muy grandes, los adultos se las tomaban en serio. 


Yo detestaba esas reuniones. No había licor, pero el olor a cigarrillo era insoportable, los juegos se alargaban hasta altas horas de la noche y los viernes y sábados eran capaces de llegar al amanecer jugando. Cuando estaban en mi casa podía encerrarme en mi cuarto a dormir, pero cuando estábamos de visita tenía que conformarme con quedarme tirado en un sofá o en la alfombra. La tele era mi niñera y me entretenía viendo los programas del MTV como Daria, Beavis and Butt-head, The Real world, Headbangers Ball y Rock videos that don´t suck.


El conquián es muy dinámico. Los juegos terminan rápido y cuando nadie gana se guarda el pozo de la apuesta para la siguiente partida. Las apuestas eran de a quetzal o de a cinco por cada juego, se podían juntar varios jugadores y se turnaban para hacer siempre un grupo de tres. El que perdía su turno se podía quedar bromeando con los demás o podía salír a tomar aire o agua, platicaba un poco con nosotros o iba a ver qué estábamos viendo en la tele. 


Recuerdo una noche que mi tía llevó a un amigo, se llamaba Gustavo, era profesor y daba clases en la misma escuela que ella. Se supone que sabía leer el cigarro. La idea era que la persona le diera unas cinco o siete fumadas sin tirar la ceniza y se lo daba. Entonces él entraba en una especie de trance, tomaba el cigarrillo con una mano y con la uña del dedo meñique - convenientemente larga y cuidada que parecía de mujer-, empezaba a ver los puntos blancos y negros de la ceniza, el humo, la inclinación y la uniformidad del borde de la brasa para dar sus predicciones, hablaba con frases cortas, con respiración pesada y con una seguridad que dejaba a los adultos sorprendidos. Daba la impresión de que algún espíritu se apoderaba de él y le decía las cosas que iban a pasar. Cuando terminaba sus adivinaciones, alzaba el rostro hacia el cielo, cerraba los ojos y respiraba profundamente, sacudía las manos y pedía agua, alguien llegaba rápido con un vaso y cuando se la daban se la echaba en las manos y se las frotaba, luego se frotaba la cara y la cabeza calva. Era como si algo le quemara y tuviera que refrescarse. Todo ese teatro le daba más credibilidad.  “Es exacto” decían, “el tipo es infalible, te dice lo que te está pasando y lo que te va a pasar como si lo estuviera viendo”.


Después de varias visitas a una casa y a otra, una noche que estábamos de visita, me había quedado solo en el cuarto viendo cualquier cosa en la tele. Gustavo llegó diciendo que le había tocado perder y quería distraerse un rato. “¿Qué estás viendo?” me preguntó, acostándose con toda confianza a la par mía en la cama. “Un documental” Le respondí, algo de tecnología. “Ve, que interesante, ¿te gusta ver esos programas?” Hablaba con voz suave. Gustavo era homosexual y no hacía nada por ocultarlo. Fingía interés por el programa y comentaba algo de vez en cuando. Mi incomodidad de tener tan cerca a un adulto que casi no conocía se convirtió en alarma cuando sentí su mano en mi pierna. “Este, creo que me llaman” dije y me levanté de la cama “¿De verdad?” dijo con voz baja y seductora. “yo no escuché nada”. “Sí, me voy”. Tuve que aguantarme el sueño, el susto y la rabia y fui al comedor donde estaba el grupo jugando y contando chistes.


Otra vez me dijo que tenía una predicción muy importante para mí, le tenían un respeto como si fuera el Rasputín guatemalteco. Enfrente de todos me jaló y me llevó al cuarto, me acostó en la cama, acercó su cara a mí olfateando como un animal a punto de comerse una presa. Por un buen rato estuvo así sin tocarme, pero cuando quiso bajarme el pantalón le di un empujón y salí corriendo.


Pasó el tiempo, parece que al fin se dieron cuenta que Gustavo era un fraude y lo dejaron de invitar. Las partidas de conquián seguían celebrándose. 


Otra de las asistentes frecuentes a los juegos nocturnos era Marybeth Carrera. Marybeth había tenido una vida cómoda y feliz hasta que su esposo, manejando a alta velocidad de noche en la autopista, se estrelló en la parte trasera de un tráiler que no tenía luces. En ese tiempo no existían las bolsas de aire, usar cinturón no era de machos y así dio con el pecho en el timón, dicen que el corazón se le reventó y murió al instante.


Así, Marybeth se quedó sola con tres hijas. Después del luto y la depresión vino la incertidumbre. Su máxima aspiración hasta entonces había sido ser un ama de casa al lado de un hombre de dinero que le diera sus gustos. Ahora su plan se había ido por el desagüe. La familia política le ayudó por un tiempo pero ella tuvo que buscarse la vida a su modo. Le decía a sus hijas que iba a Tapachula a traer mercadería para vender en los mercados de la capital. En realidad trabajaba como prostituta en una casa cerrada de la zona diez con el plan de hacer la mayor cantidad de dinero posible aprovechando al máximo sus treinta y dos años antes que su frescura desapareciera. Yo no tuve conocimiento de estas cosas hasta tiempo después, para mí solo era una vecina a quien íbamos a visitar o venía a visitarnos y a veces jugaba y platicaba con sus hijas que me caían muy bien. En especial Maria Clara, la de en medio.


A todo esto contaba yo con unos trece años. Mi viejo y sus amigos ya empezaban con eso de “hay que llevarlo donde las nenas para que lo hagan hombrecito”. Yo le tenía pánico al asunto, cuando me hablaban del tema me ponía a la defensiva. Algunas veces haciendo mandados con mi papá en el carro pasábamos por el Cerrito del Carmen y me decía, medio en broma, medio en serio: "Por aquí hay lugares interesantes, ¿querés visitar alguno?" Yo me refundía en el asiento del copiloto y le decía que no. Él se encogía de hombros y seguíamos de largo.


Recuerdo claramente un catorce de septiembre. Por primera vez estaba en un colegio que tenía banda escolar - unos cuantos instrumentos, entre nuevos y usados - y yo era uno de los tres clarines. Daba la casualidad que dos semanas antes había tenido una fractura en el brazo derecho y lo tenía enyesado. Encima de eso, hacía poco más de una semana que un compañero me compartió su helado mientras me contaba que estaba recuperándose de la varicela y me contagió. Así que estaba enyesado y con las costras de varicela apenas cayéndose, sin embargo, la fiebre y el malestar ya habían pasado y estaba en condiciones suficientes como para asistir al desfile de independencia.


Esa noche hubo partida de conquián en la casa.


No podía creerlo. Yo convaleciente, nervioso, tenía que madrugar mañana y allí estaba el alboroto en la casa, el juego, las risas y el maldito humo de cigarro. Andaba con un humor de perros, aguanté todo lo que pude pero me venció el sueño y me fui a dormir.


No sabría decir qué hora era. Estaba profundamente dormido, di una vuelta en la cama y me topé con algo que me despertó. Todo estaba oscuro y silencioso indicando que el juego había terminado. ¿Qué es esto? ¿Hay alguien en mi cama? Mi mente no pudo procesar bien lo que estaba pasando hasta pasados unos minutos. ¿Quién es? Huele a perfume dulce, a cigarro. ¿Qué hace aquí? Me ganó la curiosidad, con timidez y con el corazón en la garganta estiré mi mano sobre la sábana, sentí la curva de su cintura, su cadera. Definitivamente es una mujer… ¿Marybeth?


Ella no se movió, respiraba con tranquilidad, parecía estar dormida. Yo no sabía lo que estaba haciendo, me movía impulsado por algo más fuerte que yo. Mi mente no podía concebir cómo había llegado a esta situación. ¿Y si se despierta? Actué más por instinto que otra cosa, mi mano buscó el borde de la sábana y la levantó. Toqué una piel suave, tersa, yo nunca había tocado una piel así, de mujer, su espalda estaba desnuda, mi mente estaba a reventar, seguí curioseando con la punta de mis dedos, me topé con una cinta de encaje de lo que adiviné sería una tanga.


Entonces se movió.


¡Mierda! ¿Y ahora qué? Estará molesta, me va a decir que no sea abusivo, que respete y la deje tranquila, se va a quejar con mi papá y voy a ser la vergüenza de la familia. En lugar de eso se dio vuelta hasta quedar frente a mí.


¿Tienes frío? 


Solo atiné a decir "no" con un hilo de voz.


Hasta la fecha sigo sin entender qué quiso decir con esa pregunta. Tal vez lo dijo por decir algo. Lo que lo que pasó a continuación fue algo vertiginoso. Esta vez fue ella quien empezó a tocarme, sus manos me buscaron, no hubo besos, en la negrura de la noche no tenía idea de qué estaba pasando. Solo se que yo estaba terriblemente incómodo con el yeso, sentía que las costras de la varicela se hacían enormes, me picaban y me dolían. Ella me manipuló, me rodeó con sus piernas, me colocó en posición y me usó como un instrumento, un instrumento que no tardó mucho en explotar y dejarme agitado y confuso.


El silencio y la oscuridad reinaron por un minuto eterno.


Marybeth se levantó, fue al baño, escuché el interruptor de la luz. Después de un rato escuché el ruido del agua en el inodoro. Regresó, se acostó y encendió un cigarrillo, veía el punto anaranjado de la brasa subir y bajar como un fantasma. El humo me asfixiaba. Cuando terminó el cigarro volvió a quedar de espaldas a mí y siguió durmiendo.


¿Qué acaba de pasar? ¿Eso es todo? Mi primera vez pasó sin estar amor, sin anticipación, sin ningún plan, sin protección, con solo dos palabras. Mi cabeza daba vueltas. Me voy a ir al infierno. Soy un pecador. Sentí angustia, pánico. Odié a mi papá por ponerme una trampa y salirse con la suya. Odié a Marybeth por prestarse al juego. Me odié. Estaba embarrado de culpa y quería arrancármela de encima.


En algún momento me venció el sueño. La alarma sonó a las cinco de la mañana. Me levanté, ella se quedó en la cama durmiendo. A esa hora era el único despierto en la casa. Fui a bañarme, me vestí, calenté un poco de frijoles, me hice un huevo estrellado y una taza de café. Desayuné y fui al colegio a juntarme con mis compañeros para el desfile.


A media mañana, a medio desfile, iba al frente de la banda cargando con el peso de conciencia que me agobiaba como el sol, que me picaba como el yeso, como la varicela. En eso, con el rabillo del ojo vi a María Clara viendo el desfile desde la acera. Me vio, sonrió y me saludó. Sentí náusea, ganas de llorar y quise salir corriendo. ¿Cómo podía decirle ahora que ella me gustaba?


jueves, septiembre 09, 2021

miércoles, septiembre 08, 2021

El caminante va


ahí va
el caminante va
el horizonte, las montañas, el camino
el caminante va
ahí va, su camino las constelaciones,
el sol en la espalda, su sombra
ahí va
el deseo, el camino sin control
ahí va y no se detendrá

el caminante va
y ahí va y ahí va
miles de caminos, el dolor en cada paso
cada segundo es más duro, el latir de la tierra
el dolor y no para
ahí va
el caminante va, el paso
no se doblegara
quizá espejismo o solo peso
ahí va
trata de tener el control 

el caminante va
el caminante va
el latir de la tierra
el latir de la tierra
lo escupe la tierra
y no se  detiene
lo escupe la tierra
y no se detiene
no se va
ahí va
ahí va el caminante
el peso del sol en la espalda
sigue su sombra
ahí va el caminante
el cielo, las estrellas
su peso el sol
un nuevo camino, la luna
ahí va
el caminante va
supone control
el camino no se ha perdido
el caminante va

ahí va
en el fondo, la imagen femenina se distorsiona
se distorsiona el paso
el sentimiento, la imagen femenina se pierde
se cae, el caminante sigue
no hay espacio, el paso se distoriciona
se distorsiona la imagen
el caminante va
ahí va
ahí va

 

** Primeras composiciones de introAcido, se encuentra contenida en el DEMO cerO Negativo



sábado, agosto 28, 2021

Tinta, nada y todo

    Tengo el rayón de un lapicero en mi mano izquierda y no recuerdo cómo llegó allí. Sin duda tendría en mi memoria reciente el acontecimiento que provocó tremenda pinta, es como si alguien hubiese dibujado una grieta con mucha lentitud. Por momentos, me parece tener noción de qué ocurrió, pero las imágenes son difusas. En la lejanía de los instantes, percibo un cabello negro, liso y escurridizo, silencioso que se escurre entre mis dedos. Veo sus ojos, avellanados y encendidos, llenos de furia y seguridad. Me reta y huye, pero no es así cómo ocurrieron las cosas, quizá yo mismo tomé la pluma y me provoqué esa herida de tinta en mi mano izquierda; tiene sentido, soy diestro y habría realizado el trazo sin problema, pero no tengo lapiceros ni nada que manche cerca de mí. La tinta en mi mano parece crecer, extenderse por mi antebrazo, trepa hacia mi pecho y de nuevo, la sensación, el perfume, el aroma a alcohol. Mi vecino llegó a mi puerta, tocó con fuerza ¿Lo hizo en realidad o ya estaba en la calle matando hormigas? Sí, eso hacía, como si fuera un niño tomaba el insecticida y lo rociaba contra un hormiguero que había invadido la casa; el vecino dijo deja de tomarme fotos y yo volví hacia él y le dije que no había tomado ninguna foto y quizá lo pensé, pero no se materializó ¿O sí pasó? ¿Qué sucedió con las fotografías? ¿Tomé fotografías? ¿A quién? ¿A tu esposa? No, a mi casa, que deje de tomarle fotos a la casa ¿A su casa? No, hay un malentendido, pensaba que quizá leyó mis pensamientos pues sus ventanas carecen de cortinas y más de algo se podría ver, pero la valentía no me sobra y el tiempo para realizar tal hazaña me escasea, entonces, no he hecho nada y entendí por fin que la confusión alcoholizada de su vista lo inclinó a creer que había fotografiado su vivienda, cuando en realidad, captaba su auto imprudente ocupando una fracción de mi parqueo. Resuelto el misterio y la confusión, volvió a beber en su auto con su reguetón danzante y yo a mi cacería de insectos. Entonces, me fijé, recordé que no tenía nada en mi mano aún, que la pinta no se produjo en ese momento. Ocurrió más tarde, con ella, ¿Con quién? ¿De dónde salió? ¿Hacia dónde va? Es delgada y repleta de misterios, una silueta escurridiza que se escabulle entre mis pensamientos, una diosa de la nada, de mis miserias y de mis mentiras, de mi pasado, de mis huellas y desatinos, un desenfreno que presagia la tragedia de la vida misma. Y recordé, que no fue un lapicero lo que provocó la tinta en mi mano, tampoco un beso, una caricia ni un cabello ni nada que recordara. Es una cicatriz perpetua de mis recuerdos y mis ilusiones que se extiende sin que pueda detener el desliz hacia donde me lleva con su avanzar delirante.

domingo, mayo 30, 2021

Apuntes a la batalla sucedida

 (la sinventura de otras dimensiones)

 Eynard W. de Conqueabur

 




 

 

domingo, abril 11, 2021

MARREISMO O MUERTE

 

¡Compañeros Poetas!

Tomando en cuenta que soy un proxeneta, quisiera comentarles…

Recuerdo haber sido un color, trascendiendo de lo newtoneano al monocromatismo más suicida. Me veo como un mal pintor en un mal momento o una zorra proxeneta de las artes.  Sé mi mano como un pincel aletargado que chorrea los intentos más delirantes del impresionismo o el flujo menstrual de la enfermedad más acrílica.

Dibujos de ciego y versos de analfabeta.  Terrorismo moral y ético, carente de libros de texto y biblias con hojas doradas.  Y mis eternas escopetas que disparan a los nuevos ches, a los nuevos dalis, a los nuevos sartres, a los nuevos nerudas, a los nuevos nietzches y hasta los mandinos.

¡Marreísmo o muerte! para mí que socializo socialistamente con todos mis yo; aunque cada uno sea anacoreta.

 

Autor: Alejandro Marre 

Texto tomado de: Automicidio Semántico

Ediciones Mundo Bizarra

Guatebala 1,998

 

lunes, abril 05, 2021

Voz Imaginaria

desde las substancias de las existencias sutiles   objetos prestados   desde el corazón mismo del hombre breve hasta la herencia del que apunta al milenio que se adviene a pesar de la prolongada contaminación de toda una era callada y sumisa   el homo sapiens sapiens último modelo se aproxima   padre nuestro que estás hecho a imagen y semejanza de nuestros miedos   muerenos hoy   yo quiero ser un clon

un día mirando por la ventana encontré unos árboles hermosos que los mecía el viento   yo olvido mucho   yo cuento otras cosas

ella hablaba   decía   yo pensaba   yo no amaba   la poesía está minada   ya nadie lee poesía   está vieja y enferma   ciega y deshauciada la pobre poesía   y qué va a pasar   va usted a llorar?    patearla   escupirla   saquear las tiendas y las librerías   luego encender una gran pira de poesía en la plaza pública

secuestrarla   amordazarla   y   darle toques eléctricos   suministrarle substancias aerógenas para hacer estallar sus pulsos nerviosos   le daremos el tiro de gracia en la deliciosamente eterna plaza pública

haremos mártires a los poetas   les mataremos

usted señor   qué hará usted si sobrevive al siguiente milenio   leerá usted poesía?   le advierto   si lo hace será declarado enfermo   se le sacarán los ojos   se le incomunicará

la poesía a estas alturas de la humanidad es una herejía   está tan caduca como la burguesía   el comunismo o la telepatía   la poesía es elitista   miserable   egoísta   uno lee poesía por snob   por acomplejado y diminuto

a propósito   qué es para usted poesía?

orgasmo burgués   decorado para palacio   encaje almidonado   adorno   luego se desbordó a la calle   se solidarizó con el obrero y el desposeído   ha participado en la crítica   en la burla   en la queja   alocada y patética luego de la atómica la poesía está reducida a polvo y nostalgias   luego de las bombas y las revoluciones qué es lo que queda?   qué se dice cada día en las esquinas   el ser humano es un compuesto de estímulos   un manojo de nervios   ha olvidado que pensar le llevaría lejos de esa vaguedad existencial en la que se vive en este mundo peculiarmente mecánico   inérsico   y cotidiano   tal vez habrá que olvidar ese temor a dios   a la familia   a la propiedad privada   al estado   al amor   habrá qué ser otro   otra cosa   algo que contenga lo risible y lo solemne de nuestra humanidad ridícula   hablemos de otras cosas   entonces se da usted cuenta   el poeta es un inadaptado   un antisociedad   un neurótico   alguien con problemas morales   de identidad   polieconómicos   individuo que se lanza a la eternidad de la calle   el individuo se siente el cristo eléctrico y llora

he aquí el personaje acusado por una multitud enfurecida de aburrimiento   he aquí el condenado

se acusa a la poesía de panfletera   comprometida y vendida   por asesina   se le acusa de ser nociva para la sociedad   se le acusa de soliviantar y provocar a grupos extremistas   radicales   racistas   terroristas   otros   se le acusa de prometer el cielo y las estrellas   los confines del mundo y las cuentas bancarias   lo imposible del amor   la ideología   y la libertad   se le acusa de sus infiernos y sus lloriqueos y por lo tanto se le sentencia a la pena mental y desde este momento la ciudad se declara en estado de sitio condicional   es decir   si se es poeta o se presume o se sospecha de poeta   será perseguido   declarado enemigo público   enemigo de la patria   la moral cristiana   y el bienestar mental y emocional del colectivo BLOMMM BLOMMM BLOMMM

/marreísmo o muerte/

 [sp 1998]

domingo, noviembre 01, 2020

A pie en los asfaltos del hombre rojo: crónicas escandinavas

Caminar, ejercicio de iluminación. El escritor uruguayo Eduardo Galeano decía que el horizonte sirve para  seguir  caminando.  Recordando  esa  premisa  me  dispongo  a  dejar  el  miedo  a  lo desconocido y me ubico en una región emocional dentro de mí, que avizora buenas nuevas. Así  pues  camino  con la  lente  de  mis  ojos,  hago  uso  de  mis  capacidades  mecánicas,  y rememoro lo que queda de aquel múltiple archivo de imágenes, sonidos, olores, temperaturas y expresiones culturales de mi viaje por la geografía del hombre rojo.

Escandinavia,  terreno  antiguo  que  viajó  rápido  en  el  tiempo, es  hoy  uno  de  los  sectores terráqueos  con  mayor  desarrollo  humano.  La  gran  casa  nórdica  guarda  en  sí  una  serie interesante de situaciones, que como curiosidades históricas se van instalando en la memoria, formando cristales de idealización a futuro. Por las afueras de la cultura se nota una especie de altivez  en  los escandinavos.  Sin  embargo,  y  esto  se  nota  mucho  en  los  daneses,  por  su conciencia de país pequeño y su idea de sí mismos que “no son mejores que los otros de su tribu”, tienden a ser gente muy “modesta” entre ellos. Es lo que llaman “janteloven” (La ley de Jante), una práctica social tácita que nivela el comportamiento de las personas, es un código de  conducta  y  se  especula  que  es  una normativa  que  ha  estado  en  la  psique  de  los escandinavos desde hace centenares de años. Se dice que los daneses la practican con fervor. Aunque  sus  reglas  son  diez,  quizá  podría  resumirse  con  la idea que nadie “debe pensarse como algo especial”.

He preguntado a algunas personas cómo les afecta la premisa de que no deben sobresalir. Les cuento que leí que por eso la gente se viste similar, como si fueran productos fabricados en serie.  Algunas personas  me  han  confesado  que  es  difícil  recibir  consejos  u  opiniones  de alguien más, puesto que nadie puede decirte qué hacer, y menos si es para hacerte de menos. Creo que al igual que muchos extranjeros no comprendo muy bien los flujos internos de esta normativa, aunque reconozco que ha sido de gran utilidad conocerla para comunicarme mejor con la gente local. No es que lo enseñen directamente en el sistema educativo, pero se siente con fuerza el peso de la práctica de la modestia impuesta, que originalmente fue un ejercicio literario, una sátira elegante elaborada por el autor danés Aksel Sandemose, que fue pensada para un pueblo pequeño,  y luego se proyectó con potencia. A lo mejor porque este fenómeno sí ha viajado durante muchos años en el espíritu y la psique escandinavos.

Hay  gente  que  está  en  contra  e  incluso  he  escuchado  que  en  Noruega se ha hecho ya el funeral del  famoso  “janteloven”, y que hay un lápida deseando que descanse en paz. Otros argumentan que nunca morirá y que es una de las causas de la utopía escandinavia, uno de los pilares fundamentales del trabajo colectivo, puesto que nadie puede y debe sobresalir, ya que de lo contrario se le estigmatizaría como una persona contraria a los ideales escandinavos. Esta  estricta  normativa  de  horizontalidad parte el agua  entre  las  distintas  generaciones  de personas, al grado que hay quienes desean recordar que es una fina sátira, y no un estilo de vida que aplaste a la gente y no le permita sobresalir. Creen que es una prisión espiritual y social.

***

Llegué a Dinamarca en el año 2010. Es el país en el que vivo. La capital danesa es la principal ciudad de mi cartografía sentimental adulta en Europa. Copenhague y los amigos en la calle, la memoria del porvenir y la constante voluntad de inventarse una felicidad necesaria. La ternura de la paternidad , la arqueología más antigua de mis tristezas y la oportunidad de  elevaciones sublimes. Aquí he madurado.

Hay  un lugar que me gusta visitar constantemente. Es un cementerio que está en el distrito llamado Nørrebro,  puesto  que  ahí  están  los  restos  de  Hans  Christian  Andersen  y  Søren Kierkegaard. Es una cosa curiosa como <<uno escoge a sus padres>>. Recuerdo que esa idea se la escuché a Borges en una de sus tantas entrevistas, y por supuesto, la tomé como mía. Pienso mucho en esta práctica extraña de visitar un cementerio, pero una vez escogidos los referentes  es  importante  estar  alrededor  de ellos,  aprendiendo  todo  lo  posible.  Una  vez, caminando por este sitio con el escritor guatemalteco Javier Payeras, él me comentaba que le parecía que la literatura de H.C. Andersen había sido infantilizada por la industria norteamericana de caricaturas. La idea me pareció válida y acertada Tampoco creo que sea una literatura infantil. Mi cuento favorito hasta la fecha de H.C. Andersen es “El vestido del rey”, una  crítica  atemporal  sobre  el  poder  en  las  sociedades.  La  verdad  a  mí  me parece  que Andersen es un autor que habitaba en cierta oscuridad, y que sus libros retratan lo puro de la maldad humana al igual que la búsqueda de una nueva esperanza.

Los  campos  santos  en  la  ciudad  sirven  como  parques  de  descanso  para  los  vivos  y  los muertos. En la temporada de verano es un paraíso de cuerpos semidesnudos tomando el sol y quizá recordando algún  aforismo  existencial  de  Kierkegaard.  Es  curioso  como  estos  dos autores están rodeados de la masa más densa de inmigrantes de la ciudad. Pareciera que el destino  le  rinde  tributo  a H.C. Andersen por ser viajero curioso e incansable, cuya literatura busca  a  la  humanidad  entera,  y  a Kierkegaard  por  ser  el  filósofo  más  universal  entre  los daneses y padre de un movimiento aún vivo: “El Existencialismo”. Asumo que esas son solo algunas de las razones por las que les rodea ese multiverso étnico y lingüístico que propone el distrito de
Nørrebro. Puro karma.

***

Los inviernos son eternos en Escandinavia. Lo que más complica el ánimo es la falta de luz, por eso la nieve se agradece, porque su blancura hace que se refleje la luz y se vea un poco más claro.  Cuando está  oscuro  es  entonces  el  momento  de  ponerse  en  marcha  y  andar.  La caminata diaria va dejando fantasmas vibratorios y oscilantes, mientras la mirada fija hace un juego de simetría, tratando de recordar el camino para el regreso a casa. Por las calles es muy difícil entablar diálogo o contacto visual con la gente. Es un patrón establecido y es una rutina de culto inmodificable, aunque la gente siempre está atenta a lo que sucede.

Al  pasar  frente  a  una  iglesia  luterana,  la  que  tiene  una  bandera  arcoiris  instalada al frente pienso que, por supuesto, se ha inventado una nueva religión: El Luteranismo Gay. Tenía que suceder  en escandinavia,  en  Dinamarca.  He  ido  a  algunas  fiestas  electrónicas  en   iglesias luteranas, y no hay como ver la cara del cristo crucificado en medio de un show psicodélico de luces  al  ritmo  de  música electrónica.  Es  para  volar.  Supongo  que  esto  de  las  fiestas y las banderas gay ofende a mucha gente, pero la verdad que si cristo estuviera vivo, sería un tipo a la   moda,  como  lo  fue  en  su momento.  Hasta  dicen  que  era  revolucionario.  Una  picardía anacrónica me hace imaginarlo afiliado al partido comunista danés, siendo el hombre de más pulso a la hora de discutir la maldita realidad mundial, tomándose una buena cerveza ecológica de marca Thy.

En  cualquier  caso,  hay  una creciente demanda de nuevas espiritualidades entre la juventud nórdica. Al parecer la idea del cristianismo es muy restrictiva para el cuerpo juvenil y curioso que  compone la generación milenial del norte europeo, y no dudan en escapar de cualquier vínculo con la iglesia tradicional. Da la sensación que la iglesia escandinava será la primera meca gay del mundo y el papa será una bella y exhuberante mulata transexual que baila como reina  en  los   carnavales  del  verano danés.  Esta  tendencia  retuerce  al  mundo  cristiano,  al musulmán y al judío por igual. Es una especie de nueva mística que hace que los puristas se jalen los pelos, mientras bailan samba brasileña.

Yo vengo de Guatemala, viví ahí hasta los 30 años y no puedo evitar ver el mundo desde una perspectiva  centroamericana.  Por  ejemplo,  a  veces  pienso  en  cuál  hubiera  sido  la   relación entre los politeístas vikingos y los politeístas indios de la región del caribe. Ambas culturas eran múltiples en varios  sentidos,  y  ambas  sufrieron  el embate del monoteísmo cristiano. Se me ocurre que, quizás, la mezcolanza entre Vikingos y Mayas hubieras sido muy interesante, no solo  a  nivel  físico,  como  se ven unas maravillas de seres humanos mezclados, sino a nivel organizativo  y  social.  Hoy  en  día  los nórdicos  son,  sin duda alguna, el sueño de desarrollo humano  y  profesional  que  el mundo desarrollado desea para sus habitantes. Los Mayas no tuvieron la misma suerte. Por supuesto que matizando la discusión se encontrarían agujeros negros en las sociedades del norte, pero permitámonos esta hipérbole, y pensemos que sería aquí el cielo prometido si no hubiera tanto frío y si uno no fuera visto raro por no ser blanco, rubio  y   de  ojos  azules.  Aunque  puedo  sentir  que  ese  aspecto  se  va modificando  con  los mestizajes continuos que el mundo experimenta en este siglo de globalización y migraciones masivas.

Købmand de “comerciante" y Havn de "puerto" le dan nombre a  København; el puerto de los mercaderes, la ciudad de las torres, el reino más antiguo de Europa, una ciudad pequeña y hermosa, que con los años se va volviendo más y más diversa, a pesar de los esfuerzos de las   castas poderosas por mantener una idea de blancura y pureza aria. Está claro que esta casa de muñecas se ha ido mezclando al grado que en la calle se escuchan muchos idiomas y la gente  tiene  pieles  de muchos colores. No todos son turistas, son gente de la localidad, que hablan dos o tres idiomas. Es una ciudad rica y con larga historia aún por explorar. A eso me dedico en estos días, a recorrerla y experimentarla con pasión. Después de ver y sentir la urbe es hora de marcharme. Es tarde y ya ha llegado mi bus hacia casa. ¡Me voy!

Autor: Éfrin González Copenhague, noviembre de 2018.

jueves, octubre 01, 2020

Sirena

 Desde hace tiempo los humanos abandonaron la Tierra buscando planetas habitables. El sol se convirtió en una gigante roja engullendo todo a su alrededor en un evento tan antiguo que casi era una leyenda entre los sobrevivientes que fueron habitando lugar tras lugar.   Asumiendo por supuesto que ya vencieron la barrera de la velocidad de la luz, uso de energía renovable y la cantidad de material y recursos necesarios para crear naves capaces de transportar una gran cantidad de personas. 


El caso es que después de peregrinar de planeta en planeta, después de varias generaciones y poblaciones enteras perdidas y dejadas atrás por hambre, guerra, desastres naturales o simple vejez, unos pocos humanos elegidos encontraron un lugar relativamente estable - pero con algunos misterios - donde asentarse.


Después de mucho viajar, se dieron cuenta que el universo mismo estaba al borde del colapso: Las estrellas empezaron a apagarse, convertidas en enanas blancas, chocando entre sí uniendo sus campos magnéticos apagados para crear agujeros negros o estrellas de neutrones, la posibilidad de planetas cercanos capaces de sostener vida disminuyó hasta que llegaron a la conclusión que no había otro lugar hacia dónde emigrar. Después de heredar tanto conocimiento y tecnología por miles y miles de años, fueron involucionando y decayendo hasta ser simples campesinos en un paraje yermo y salvaje, viviendo una vida simple.


Un grupo de peregrinos se aventuró a explorar una parte raras veces visitada. La geografía del lugar irregular, una tupida vegetación hacía lento el avance, esperaban encontrar un valle donde pudieran asentarse. Ellos eran los pioneros, luego enviarían a alguien que serviría de guía a los que quisieran mudarse.


Encontraron un lugar suficientemente nivelado y despejado como para acampar, extendieron sus tiendas y se acomodaron. prendieron una fogata y comieron frugalmente. Estaban cansados; dejaron la fogata encendida y designaron a uno que se quedaría de guardia por si aparecía algún depredador o algo inesperado. Luego de unas horas se turnaría con otro para poder descansar.


pasaron las horas, el guardia jaló unas ramas para alimentar la llama. La noche sin estrellas se cerraba encima de él y lo abrumaba con su inmensidad, estaba bien abrigado y el calor, la luz de las llamas y el ambiente en general le hacía sentir una cierta pesadez en el corazón. Una nostalgia tal vez, de un lugar que nunca conoció pero al que le habría gustado regresar.


“Sabes que pronto se van a extinguir… ¿verdad?”


¿Había escuchado a alguien hablar o era él mismo pensando en voz alta sin saberlo? Vio a su alrededor, no había nada. La tienda de campaña estaba cerrada y la voz no se parecía a la de ninguno de sus compañeros.


El viento parecía mover las plantas en una forma extraña, no parecía haber nada alrededor… ¿O sí?


“Sabes que el futuro no existe y están resignados a desaparecer. Pasan los días como seres simples y básicos, cumpliendo funciones básicas, dándose un mantenimiento básico hasta morir”.


No eran sus pensamientos, era algo más. ¿Qué era? La voz parecía pacífica, no intentaba hacerle daño, había cierta vibración que lo tranquilizaba, que lo invitaba a contestar.


No supo si habló o pensó una respuesta: “Es cierto, somos animales de costumbres, nuestra paz está en la rutina, en repetir las mismas acciones día con día, ya sea la caza, construir algo, cocinar, porque en algo tan tedioso como la rutina se encuentra la perfección. Estamos aquí en medio de la nada, buscando un lugar nuevo, tenemos esperanza de reproducirnos y ver a nuestras familias crecer, pero al mismo tiempo sabemos que en cualquier momento, hoy o en cien o en mil años, el mismo sol que nos da luz y calor se convertirá en un monstruo que nos va a tragar a todos. ”


Casi de inmediato escuchó a la voz, como un susurro aterciopelado: “¿Y si te dijera que podrías ser eterno, dejar este tedio e incertidumbre, vivir para siempre y ver todo el universo en distintos tiempos y facetas?”


¿Cómo?


-Es muy simple, yo soy un ser eterno, multidimensional. Conozco los agujeros del tiempo, sé de dónde vienes, conozco los mundos de donde vienes, de donde vienen otros seres que no son humanos, pero podríamos decir para acomodarlo en tu lenguaje, que están vivos, que tienen una conciencia. Y puedo hacer eso posible, solo tienes que…


-¿Solo tengo que…?


-Solo tienes que dejarte llevar, venir conmigo, en otras palabras, ser parte de mí. Yo que soy inmortal y atemporal, si me acompañas, te puedo mostrar todos los secretos del universo. Solo abre tu mente. Fusiónate conmigo y serás parte de mí. Otros ya lo han hecho, soy uno y somos muchos. De esa manera puedes conocer otras conciencias, otras memorias, los recuerdos y conocimientos de otras entidades y los de sus antepasados que con cada ser que se fusiona conmigo solo crece más y más.  


Eran unas palabras demasiado tentadoras, cerró los ojos. El deseo de expandir su conocimiento y a sí mismo hasta el infinito era algo demasiado tentador. Así que después de un rato de fantasear cómo sería ser parte de una conciencia y conocimiento colectivo tan vasto que abarcara otras razas y universos, se dio cuenta que la fogata ya no estaba frente a él, que estaba flotando como si estuviera en un espacio sin gravedad, vio unas luces semejantes a luciérnagas que flotaban en círculos a su alrededor, y él mismo era una luz que orbitaba como una galaxia en miniatura alrededor de un universo nuevo. Si la promesa estaba cumplida entonces no importaba nada más. Ya no tenía nada que perder. En un momento las luces se materializaron en un ente alto, profundo, sin figura humana definida pero con una presencia imponente, su cometido estaba cumplido. Podía irse satisfecho...


El segundo guardia no despertó hasta que estaba cerca el amanecer, abrió la tienda y buscó a su compañero pero no encontró ni rastro de él. la fogata era un montón de brasas humeantes. En vano buscaron y lo llamaron por los alrededores. Nunca lo encontraron.


En las aldeas corría el rumor de que en este planeta existían depredadores que utilizaban métodos muy diferentes para cazar que la burda y simple violencia. Tenían poderes telepáticos para embelesar a sus víctimas, algo así como las sirenas mitológicas que encantaban a los marineros con sus cantos hasta que perdían la cordura y se dejaban comer, felices de servir de alimento para los monstruos marinos.


jueves, agosto 06, 2020

Divina justicia

-Si me tocara atenderlo, lo dejaría sufrir hasta la muerte-, pensó un médico quien hacía guardia durante la noche en un hospital público al referirse al exdirector de ese lugar, arrestado por un caso de corrupción, mientras lo veía en el telenoticiero pidiendo a un juez que lo dejara salir porque estaba enfermo. 

-Si, dejaría que se quedara sin oxígeno, vería cómo sus ojos se llenarían de sangre y cómo clamaría por ayuda, esperaría a que pidiera perdón por todo lo que hizo y finalmente apagaría el respirador para dejarlo morir en su miseria-. Absorto en sus fatales ideas, el joven médico no advirtió que la providencia le entregaría en esa lluviosa noche al exdirector convaleciente para que hiciera real esa fantasía que le carcomía la mente. Lo vio pasar en la camilla llevado por sus colegas hasta el pasillo del fondo. Trató de acercarse pero la ansiedad le revolvía el estómago. Con las náuseas de la rabia, avanzó para cumplir el deseo. Frunció el ceño, tenía que parecer enojado, quería estar molesto, había perdido seis años de su vida profesional por culpa del señor ese que yacía al final del pasillo. Quería sentir en su interior un odio tan incontenible que pudiera percibirse en todo el hospital y que cuando alguien preguntara por qué esa persona emana tanta maldad dentro de su ser, otros, los que decían conocerle, debían decir a la concurrencia intrigada que ahí camina el hombre que ha sufrido los embates de la injusticia en carne propia, que los tribunales y las condenas son para gente pobre, las prisiones y juzgados son solo para personas sin recursos, para los traicionados al firmar papeles que no debían firmar, a quienes les obligaron a decir cosas que no debían decir y luego a tener que aceptar sentencias que no querían aceptar.

Los recuerdos se agolpaban en su cabeza y su pecho volvía a sentir la inseguridad del pasado, de su juventud. Interrumpió sus miedos y tristezas, abandonó el llanto, retorció sus ideas y caminó sin temor hacia la camilla donde yacía el exdirector, ese hijo de puta que tanto daño hizo. Llegó finalmente, pero no pudo avanzar. De nuevo sus temores podridos trataban de impedir que abriera la cortina, pues temía deslizar con sus manos el frío plástico, acercarse al área aislada donde yacía el tipo. 

Lo vería sufrir y disfrutaría la falta de oxígeno. Caminaría. Estaría frente a él. Lo despertaría tocándole un brazo. -Señor, ¿me recuerda? diría y cuando éste abriera los ojos con la impresión dramática de un mal actor de cine, se abalanzaría sobre su cuello, lo estrangularía hasta escuchar cómo los hueso se fragmentan en mil pedazos entre sus dedos. Pero, no era posible. La débil puerta de plástico era tan impenetrable, como un muro de hierro que el aire hace danzar. 

Las luces comenzaron a parpadear, un fallo en la electricidad le despertó de su letargo y optó por caminar hacia el otro lado. Caminó durante minutos pensando en las probabilidades de asesinarlo y salir indemne del acto. De pronto, la conmoción y el bullicio le alertó, pues sus colegas apresuraban la marcha hacia el área donde permanecía el exdirector. -Está muerto-, dijo un médico quien dejó soltar un leve llanto y otros le acompañaron en su dolor. Más del alguno quiso aplaudir y otro gritar de júbilo y alegría, pero pese a que las ideas asesinas acompañen nos persigan en sueños, en esos caminos mentales que muchos no desean recorrer, todos sienten ese respeto por el vacío que deja la muerte en los lugares donde pasea con su guadaña. El médico que soñaba con el asesinato estaba sorprendido por lo ocurrido y comenzó a sentir culpa pues un fuego interno quería envolverlo en una risa perpetua de satisfacción por la inexistencia ya de un ser tan despreciable, pero su corazón se ahogaba en un mar de inquietudes, pues ese deseo tan intenso de matarle se volvió una realidad. Y tan real sentía la muerte que sintió que él mismo le había asesinado.

Cubrieron el cuerpo con una sábana blanca. Llamaron a un paciente que decía ser pastor y comenzó a pedir por el alma del exdirector, para que encontrara el camino hacia el Señor. Los médicos levantaban sus brazos y el joven doctor no soportó la escena salió del área. Llamó a su madre y le contó que el hombre que causó tanto sufrimiento en la familia no lo haría más - Gracias a Dios-, dijo la madre. Pero estaba engañado si creía que su miseria acabaría con la muerte del exdirector, pues un abogado astuto pidió la revisión de las cámaras de seguridad y en ellas aparecía el joven médico de pie frente a la puerta tratando de ingresar al área. Luego, ocurre el desafortunado corte de energía. La imagen se apaga y al reactivarse se ve al médico alejarse, poco después, cuando el joven médico caminaba confundido en el fondo del pasillo, los doctores encuentran al exfuncionario fallecido. El joven tenía motivos, dijeron los fiscales, y pese a que titubearon con la idea de una divina justicia (pues no había más prueba que un video que no convencía a nadie), la ley es la ley sobre todo cuando tiene un precio, cuando se busca a un culpable, pues la justicia y la prisión no solo es para la gente pobre, también para quien no debían estar en el momento en el que la vida cobra venganza de forma natural.

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-Identidad Anónima-

  /Anonimia-Anónimus; espacio integral del vacío y lo que no se nombra, lo que ya no puede nombrarse; nombrar eso que flota en un constante e irrepetible devenir del darse efectivo de las cosas; nombrar-decir-evocar un ser que entre otros seres es uno más, algo cada vez más amorfo, más parecido a un reflejo o una emoción que su materia inicial, la resultante de un incesante despojo a contrareloj, un total aparataje reducido a su mínima expresión en calidad de escupitajo social-económico-político-demográfico cuya ubicación en el cosmos es similar a un cero a la izquierda, acá estamos, mutilados a tajadas de pura endemia; seres compuestos de nada y en calidad de préstamo sobre la bandeja deliberada del capitalismo avorazado y desbocado, máquinas deseantes, seres sin órganos, objetos dispuestos a todo, y a toda improducción, a todo falso equilibrio de las fuerzas /anarquía del aquí ser/ números y números más números en secuencia deslizan sobre una pantalla lc monitor colgado en la cafetería de alguna universidad, solo por variar/
/entendemos anonimato no como una cobarde forma de irresponsabilidad ante lo que se escribe, tampoco como la oportunidad de jugar mediocremente a ser escritor sin recibir vergonzosas críticas y comentarios en la cara, mucho menos como una regresión al tiempo cuando el autor no firmaba sus obras; este anonimato que nos proponemos es en parte una convicción y una aceptación de nuestro lugar en la periferia del sistema cultural; en principio es el reconocimiento de esa periferia, la conciencia del lugar que ocupamos no solo en la economía artística, sino en todo el sistema cultural; no es la simple aceptación de unas limitaciones, sino la decisión de trabajar desde esta posición y sin la intención de con ello, abandonar la marginalidad para “triunfar” en el mercado artístico; precisamente porque no es algún tipo de legitimación lo que interesa, y menos aún pretender alcanzar la “consagración” es que somos anónimos/
/admitimos que aún es ilusorio el espacio creado en la red internacional para la divulgación “libre” de pensamientos y propuestas que en nada repercuten, por el momento, en el académicamente establecido mercado del arte; ante el abrumador número de blogs y páginas dedicadas a la literatura, habrá que aceptar que cien lectores diarios no implican un asalto al círculo literario y mucho menos aseguran una incursión exitosa a la producción literaria /el blog en Guatemala sin un “nombre” legitimizado es todavía periferia/ la red internacional le brinda al usuario la posibilidad de encubrirse, de no mostrase, por lo que es común la utilización de seudónimos y el anonimato; independientemente de cuál sea la intención por la que se obvia el nombre, la evasión del yo ocurre o intenta ocurrir; y aunque se utilice un nombre, será uno entre muchos, ésta es la ilusión del ciberespacio, la de darnos una voz, pero una entre miles de millones de voces, la oportunidad de contar nuestra versión de la historia entre miles de millones de historias, que hacen irreconocible la verdad >>si es que la hay<< y la desconfianza de ella; lo que hay es tan solo ruido/
/–desde nuestra actual perspectiva esto no importa–, porque aunque seamos anónimos y proyectamos el alcance de la mayor cantidad de lectores, el blog es solo un medio, entre otros/
/ser anónimo es más que negar una identidad improvisada a diario, más que un código de barras, más que sólo un nit (número de identificación tributaria), más que un voto nulo o en abstencionismo, más que XX o la masa que desfila a la fosa común; en este acá y ahora en el que nos destazamos, el anonimato es una manera del suicidio, una forma de negación del conjunto de parafernalias y elementos fatuos; hacerse el paria, hacer el magnicidio social del propio y tan egoista yo, sea el que sea, al precio de una identidad clonada al infinito masa, expuestos al plagio y la anulación de un ser, sea el que sea; soltarse del anhelo de trascendencia para abrazar el momento, lo efímero, todo esto perecedero, saltar a las vías bajo las ruedas del tren histórico, tatuarse cual texto de spray a lo largo y alto de las paredes de la ciudad, graffiti de hoy y mañana quizás ya no, palabras con fecha de caducidad, quizás voces desteñidas por el clima /según el ambiente/ quizás rasgadas quizás lavadas quizás cubiertas por una nueva capa de pintura/
/porque el anonimato para nosotros no es una evasión de la responsabilidad o una cobardía, es también un desprendimiento del nombre y del apellido; no escondemos nuestros nombres sino, no necesitamos de la determinación arbitraria que nombra lo que somos; lo que implica despojarnos de la historia que se nos impone; la familia de la que soy miembro y su procedencia, mi procedencia; tampoco su negación, sino un despojamiento de su determinación en nosotros que nos asigna un lugar dentro de la genealogía de nombres intrascendentes de este país; somos anónimos porque no necesitamos de nuestros nombres y no pretendemos “hacernos” de uno, para que con los años nos lleguen las invitaciones a intrascendentes conversatorios acerca de literatura o nos pidan que comentemos un libro, créernos los intelectuales de turno y vivir esa paja de vida/
/en este sentido lo que intentamos negarnos con el anonimato es la esencia, no hay nada nuestro que sea único, especial e irrepetible; no tenemos rostro, ni nombre, ni historia, ni lugar; reconocemos, como muchos otros antes que nosotros, que somos una especie de vacuidad rellena de lenguaje >>independientemente de sus limitantes y equívocos<< así que lo único nuestro es la configuración con la que llenamos el vacío que somos, forma ya repetida hasta el tedio; no pretendemos innovar nada, estas palabras no nos pertenecen, ya fueron dichas, es parte de lo que está, de lo que se dice/
/literariamente tampoco queremos ser pretenciosos, el anonimato para nosotros es una coincidencia no un estilo, no compartimos una forma, tal vez algunas referencias e intenciones, fuera de ello somos simples humanos que se cansaron de estar arrinconados/
/anónimos son los sujetos en la fila del supermercado, en la fila del pago de servicios, en la fila del banco o del pago en línea, en la fila de cobro de indemnización por estafa; anónimos son los privados de libertad y justicia, son los hacinados en pulcras oficinas o en industrias y maquilas transnacionales, en hospitales públicos, en asilos para ancianos, en internados de rehabilitación o para enfermos mentales; anónimos son los que se arrastran a diario mendigando un poco de ternura compasión o solidaridad, los arrinconados en cuartuchos de hotel barato para fumar crack, los que duermen en la calle, los que corren para todos lados pero sin destino, los que se amontonan y arrebatan entre las migajas de miseria que caen de la mesa de los estados y gobiernos/

 –primer borrón–
S.o.P.a.
viernes, 18 de mayo de 2012