El Mundo y la Vida

¡Hola Mundo!

Don Mundo se acercó al mostrador a paso lento, con pereza, pero con una gran sonrisa, ¡Qué pasó patojo!

- Pues aquí, a comprar algo para el desayuno, y usted ¿cómo lo trata la vida?

- Por ahí anda la vieja cabrona, ¡Vida, donde andás vos!

- ¡Oy! - Sonó la sonora voz de la señora, - Aquí ando, que le andaba preparando el desayuno al viejo Mundo. Ya viste que es medio lento.

- Con tocino por favor - Replicó Mundo. -Tan chula la vida como me hace huevos. Y vos patojo, ¿qué le vas a pedir a la Vida?

- A la vida, que fuera eterna, a doña Vida un litro de leche, una libra de harina y cinco huevos.

- Ahorita va - Dijo doña Vida, a pesar de sus años era ágil y se mantenía igual de sonriente que don Mundo. - Y vos Mundo, Andá comé, al paso que caminás cuando llegués a la mesa va a estar fría la comida, aquí están tus cosas patojo, ¿se te ofrece algo más?

- Nada más, muchas gracias.

-Va, ya sabés, cualquier cosa, aquí estamos. - Se fue para adentro a desayunar con su Mundo. - ¡Viejo! ¿te lavaste las manos? ¡Mira que andás todo lleno de tierra que andabas sacudiendo temprano y te la echaste encima!

Me alejé de la tienda pensando en el par de viejos, el Mundo y la Vida, siempre juntos, siempre orbitando uno alrededor del otro. Para él, ella es el mundo; para ella, él es la vida.


Sueño Lúcido

 La cosa empezó bastante bien: iba vagando por la ciudad, el sol brillaba y había mucha gente por aquí y por allá. Como me pasa casi siempre, las ciudades que veo son bien intrincadas, con calles asfaltadas, casas, parques y edificios mezclados sin un orden aparente. Un caos donde puedo tomar un callejón que me lleva a unas gradas que suben serpenteando hasta la cima de una colina donde se abre ante mis ojos el paisaje de un parque. Todos están contentos, juegan, ríen y cantan, sí, cantan, como en las películas donde de la nada alguien dice “me acabo de inventar una canción” y casualmente todos se saben la letra, la música y la coreografía. No recuerdo bien la letra pero la esencia era algo así como: 

"Estamos muy alegres 

estamos muy contentos 

jugamos todo el día

que viva la alegría"

Yo estaba contagiado de esa felicidad, me encantan estos lugares. Sí, es algo extraño que todos muestren tanta felicidad, es algo así como si estuviera en Disneylandia, solo que no veo juegos mecánicos. Por lo demás, la arquitectura del lugar me hace pensar como si estuviera en un parque temático.

“Estamos muy alegres”

Todos están muy coordinados. Me pregunto si no se quemarán de estar todo el día bajo el sol, si tienen algún trabajo o algo que hacer aparte de estar afuera disfrutando y siendo felices. Asumo que toda vez no le hagan daño a nadie no debería importarme.

“Estamos muy contentos”

Voy bajando un graderío y paso por calles cada vez más estrechas, la gente baila y canta como si fuera un musical de Broadway, salen de sus carros, se suben a los techos y siguen, pienso que está bien, yo también voy medio bailando y cantando.

“jugamos todo el día”

Llego a un lugar que es más un corredor de un par de metros de ancho, al pasar el corredor veo algo así como un restaurante, en este lugar también hay una multitud, pero todos están ordenados, parece ser una cafetería.

“Que viva la alegría”

Algo me dice que he llegado a mi destino, hay una fila de personas esperando a que les sirvan, alguien atrás del mostrador mete un cucharón en una olla enorme y saca un bodoque de una masa humeante que pone en el plato de la persona, en eso empiezo a sentir una inquietud, en mi mente todo esto parece una película gringa doblada al español, así que le cambio al inglés y pienso para mí mismo: 

What the fuck is going on?

Es mi turno, sostengo un plato en mis manos, la gente sigue cantando, pero ahora que pongo más atención, no están moviéndose libremente, están más bien repitiendo el mismo movimiento una y otra vez, yo mismo estoy parado en el mismo sitio y parece que no me estoy moviendo, repito el mismo movimiento de vaivén. La tonada sigue con el mismo ritmo guapachoso pero ahora todos estamos diciendo al unísono:

What the fuck is going on?

Hay un tipo que por casualidad quedó a poca distancia, lo veo tratando de entender qué está pasando, en sus ojos veo reflejada cierta angustia, sigue cantando, pero su sonrisa tiene un rictus que me hace pensar que es forzada, está cantando entre dientes y parece que entre cada respiración quisiera decirme algo mientras canta:

What the fuck is going on?

Entonces entiendo con horror que todos estamos condenados a seguir esta rutina para siempre, hasta aquí llegamos, vamos a fingir que somos felices, a continuar la misma acción una y otra y otra vez por toda la eternidad aunque por dentro tengamos deseos de morir. ¿Podemos morir siquiera? ¿Acaso ya estoy muerto? No hay salida, estamos alineados, todos seguimos cantando. Me acordé de Sísifo, de Damocles, de Prometeo. 

¿Dónde estoy?

What the fuck is going on?

What the fuck is going on?

What the fuck is going on?

El Canche

 "En el tiempo que pasó esto contaba yo con treinta y dos años, había estado lloviendo fuerte por tres días seguidos y mi hija que tenía unos cuatro meses de nacida estaba mala con fiebre y vomitando. Tal vez no fuera algo muy serio pero uno de padre se preocupa. La cosa es que en la aldea no hay doctor, para buscar  teníamos que pedirle prestado el pickup al compadre Oscar y agarrar el camino de terracería hasta la clínica. El problema no era la lluvia ni la distancia que era más o menos una hora de ida y otra de regreso. El problema era la hora, era ya media tarde y ya al estar oscuro nadie se animaba a salir porque en la carretera podía encontrarse uno al ejército pensando que uno le llevaba cosas a la guerrilla o a la guerrilla pensando que uno le llevaba cosas al ejército. De cualquier forma uno salía perdiendo, aunque lo interroguen y vieran la criatura llorando ellos podían pensar que era puro pretexto y matarnos de todos modos.

El caso es que mi hija estaba mala, lloraba, la fiebre le subía, no le quedaba nada en el estómago y seguía queriendo vomitar, mi esposa y yo estábamos preocupados pensando qué hacer. Al fin me decidí y me fui bajo el agua a hablar con mi compadre. Él sabía que era arriesgado, pero también había perdido un hijo de cólera. Es duro eso de ver a su nene morir sin poder hacer nada, la cosa es que no tomó mucho convencerlo y pensó que si le metía la pata podíamos ir y regresar a tiempo.

Pues agarramos camino con mi compadre, mi esposa, mi beba y yo, el camino de ida todo bien, llegamos a la clínica, vieron a mi hija, como pudimos conseguimos la medicina, de eso me sentí mejor porque iba a estar bien. 

En eso nos entró la noche.

Con mi compadre la pensamos y repensamos si nos íbamos a regresar esa noche o no, pero ya nos habíamos gastado el dinero en la consulta y las medicinas, mi compadre hasta nos ayudó y allí hicimos el ajustón. No conocíamos  a nadie conocido en el pueblo y la beba necesitaba cuidado. Así que decidimos arriesgarnos y agarrar camino de regreso.

La lluvia se calmaba a ratos y luego regresaba fuerte. En la noche, sin alumbrado público y con la lluvia así de fuerte apenas se miraba algo. Tuvimos que irnos despacio para no estrellarnos en el paredón o caer en el barranco, viera visto usted. Mi mujer iba rezando, yo me hacía el fuerte pero por dentro tenía todo aguado pensando que nos íbamos a chocar o se nos iba a atravesar alguien.

En eso, a la orilla del camino, vimos a alguien, yo dije Señor bendito. Cuando se ponen así lo paran a uno, lo interrogan, lo registran. Mi miedo era que  si el militar preguntaba “¿pelo vergo mi sargento?” Y el sargento contestaba “Pelo vergo”.  Eso significa que tenía permiso para disparar a matar. Estaba esperando ver el puesto de registro, yo creo que mi compadre más por miedo que por otra cosa paró el carro..

la figura que vimos se acercó corriendo, entre la lluvia no distinguíamos quién era, pero al llegar a la ventana nos dimos cuenta que era una mujer. Aunque no era la guerrilla ni militar, igual nos asustamos.Daba unos gritos la mujer que le helaban la sangre a uno, somatando el capó del carro, el vidrio de adelante,  la ventana, gritando ¡Ayuda, ayúdenme  por favor! Se ahogaba de puro llanto, aparte estaba empapada, nos miramos con mi compadre y no la pensamos, nos bajamos de una, ahí dejamos a mi esposa con la nena. la señora era así rubia, vestida con ropa así como que fuera turista, robusta, hasta bonita, de no ser porque estaba empapada de agua y llanto, luego vimos que también tenía sangre en la ropa, hablaba con acento como que fuera gringa o a saber de dónde: “¡Ahí abajo, por favor, ayuda!”

Nosotros pensamos que había sido un accidente, vimos un claro a la orilla del camino donde se notaba que se había desbarrancado un carro. Nos fuimos con cuidado entre el monte y el lodo, ni cuenta nos dimos de que la gringa se había quedado atrás. Llegamos al fondo y cabal vimos un carro grandote de esos cuatro por cuatro todo terreno, tenía algunas calcomanías en a saber qué idioma, yo digo que eran misioneros. Usted sabe que en ese tiempo había gente que venía a hacer obras acá, a construir escuelas, o jornadas médicas,a evangelizar o a saber qué cosas, hasta gente que se tiraba a atravesarse el país solo porque sí, porque diz que la aventura, yo qué sé. La cosa es que llegamos al carro, mire usted, picado de balazos.

Encontramos a dos personas, el piloto era hombre, con la cabeza en el timón llena de sangre, lo medio movimos y se fue de lado de una vez ya muerto. A la par de él una mujer, también bañada en sangre, le levantamos la cabeza a ella y mire usted, se lo juro por Dios, era la misma que nos había parado allá arriba.

Nosotros con mi compadre estábamos cagados de miedo, no solo por ver esa escena y más que todo a la mujer, sino porque los cuerpos todavía estaban calientes y los militares o quien fuera que haya sido podía estar cerca. Pero mire, ¡va usté a creer! En las piernas de la mujer, envuelto en un montón de trapos, había un bebé llorando, más o menos de la edad de mi hija.

¡Y qué podíamos hacer! No podíamos dejar a la criatura allí solo que se muriera. Lo agarré y como pude subimos y nos fuimos de allí, cuando subimos con el bulto mi mujer estaba pálida, nos dijo que cuando nosotros empezamos a bajar ella se empezó a alejar y como que se hubiera desaparecido entre la lluvia. Cuando vio la criatura y le conté lo que vimos le agarró una lloradera.

Mire, yo no sé cómo le hizo mi compadre para manejar de regreso con la impresión de todo esto, pero mire, ese niño como que traía algo, aunque estuviera llorando sentimos una paz, un calor, como que en esos momentos uno se arma de valor como dicen y qué le importa todo lo demás ¿verdad?”

Cuentan que en medio de una aldea del altiplano de Guatemala, en el punto más álgido de la guerra interna, apareció un niño adoptado sin papeles ni abogados ni ninguna de esas formalidades que no eran necesarias.  Creció como sus amiguitos en medio de la pobreza, aprendió a trabajar la tierra como cualquier otro.  La única excepción era que este niño sobresalía entre todos por ser rubio, de ojos azules y al crecer llegó a medir casi dos metros de estatura. Era más conocido por los habitantes de la región como el Canche.


DEPRESIÓN TROPICAL

 Depresión
Enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas.
Tropical
De los trópicos o que tiene relación con esta región de la Tierra.

 

Esta historia no inicia en donde se supone que tendría que iniciar, porque en realidad aquí… casi nada pasa, y si suceden cosas están condenadas a explotar, en el cielo, de noche, son juegos artificiales, cañonazos anónimos. Es más, no es una serie de sucesos que cobren vida en la cotidianidad de la sala en casa de los abuelos. «estaremos dormidos»

No inicia aquí ni en otras partes, porque somos el fiambre hecho de los restos de muchos banquetes importantes, servidos en palacios lejanos, en palacios que están a la vuelta de la esquina y en palacios que se siguen construyendo, aquí, hoy en día. En el trópico nadie se puede deprimir, el calor y los abundantes abrazos del sol inhiben la actividad negativa, solo bailamos al ritmo de nuestros lejanos deseos, y cuando se cansa la gente se va, se van a lugares en donde el clima favorece la introspección.

Tampoco inicia en medio de tardes lluviosas de mayo o un camino brumoso dentro de un bosque suspendido y lleno de palabras escogidas al azar; egoístas también. No lo hace retratando tu sonrisa, que es la sonrisa de todos. Esta historia no inicia en el lobby de un edificio decadente, en una ciudad que lucha incansable por ser lo que fue y se olvida de lo que está siendo, tampoco se trata de moteles que hospedan colonias de pulgas voyeur o un viaje lejano hasta llegar el centro de tu nervio emocional. Aunque la mayoría lo prefiera, tampoco es la historia que tallaron anónimos ebanistas en retablos barroquísimos. «no inicia»


MARGINALIDAD

/término curioso debido a la perspectiva con la cual entonan aspavientosos algunos personajes de mi entorno urbano
/término derivado del límite eso que se encuentra en la tangente de otros cuerpos eso que desespera o se tensa y se mantiene en suspenso tendido sobre el vacío
/marginación/marginal/marginalidad/ monzón era un poeta marginal y su poética se funda en la marginalidad según algunos compadres bien entendidos en la materia (de la marginalidad, claro)
/la marginación puede ocurrir como un catarro o sea por circunstancia de ambiente; me refiero a que en ciudades como esta la marginación toma modos y formas dispuestas a la destrucción… tanto como un simple estornudo
/todo tipo de marginación es asfixiante es una manera del genocidio o magnicidio una forma de la muerte permanente; la marginalidad se manifiesta por mecanismos distintos pero la mayoría son de corte social y cultural luego político y económico derivadas éstas del efecto de las primeras; la marginalidad no tiene nada que ver con la teoría del caos pero conserva un activo impulso anarquista
/un grupo socialmente marginado responde más bien a un choque de culturas a la adaptación de poderes y sus influencias y de ello depende que de la marginación pase a lo políticamente marginado o marginable; en ello tiene que ver la brutalidad mercantilista y los abusos de la estupidez
/marginalidad es la innumerable cantidad de habitantes que viven hacinados en la periferia de la ciudad los barrancos las áreas de difícil acceso quienes poseen también sus formas propias de poder junto a la adaptación a su circunstancia inmediata de indeseables asentados emigrantes de otras áreas igualmente pobres /otra marginalidad/ todo para instalarse en áreas de alto riesgo en forma de aldeas colgantes en las fauces del abismo mismo y cuya sobrevivencia es la posibilidad de los imposibles
/la única y verdadera patria es la infancia; la patria es el conjunto imaginario de la identidad y el sentido gregario de pertenencia sumado a los ritos valor moral del universo tradiciones y una cuota de cultura que se concreta en esta historia humana como una forma de existir y una manera de estar aquí; la única y probable patria a la que se puede optar en esta ciudad ha sido ya abusada y despojada ha sufrido vejámenes y agresiones y múltiples formas de violación y traición las cuales han erosionado la ternura y la sensibilidad esa posibilidad del arte la imaginación y los juegos; ahora bien debido a esta herencia y al anterior panorama naturalmente uno crece pateándole el culo a la infancia a esa imposibilidad de decidir estar o no estar en este lugar en este miserable juego entonces es de este modo que se desarrolla un sentido anti o contra patria que también toma su formas marginales todas
/la resultante de una patria humillada y desarrollanda en la injusticia y la aniquilación de la poca estima se demuestran en el inconformismo y malestar total y en diversas actitudes que nada tienen que ver con ideología o credo que son lo mismo esas formas religiosas del fascismo sustentado en debilidades morales; los resultados pueden variar entre la marginalidad la contracultura lo subterráneo la anarquía
/de la marginalidad podemos pasar a la automarginación conciente o inconciente quiero decir que se puede asumir la marginación para sí tal si fuese una ideología o a modo de militancia con un concepto de vida propio y salvarse así del enevitable naufragio; cuando se es inconcientemente marginado se tiene menos suerte ya que uno puede resultar víctima de sí mismo en cambio de si se es conciente permite el discurso la propuesta y la capacidad de respuesta a las circunstancias de su ambiente medio
/en esta ciudad también los medios de comunicación se rigen por pautas marginalistas las cuales se reflejan en los criterios referidos mediocres referentes; si a la gente le das buen cine van a comprender también el buen cine si la gente tuviera menos basura en la tele tendría menos complejos tendrían menos basura en la mente serían menos agresivos si así fuera …si tal vez
/de este modo la marginación de propia mano debe de funcionar como vehículo de denuncia y debe mostrar clara crítica del sistema al que se debe y al que se enfrenta y por supuesto que estos aparatos varían según la postura ideológia que se asume en el gobierno en el estado y como mecanismo se implanta su determinado aparato de opresión a la masa media y mayoritaria; la marginalidad en este caso debe ser una postura de proyección del evento y del movimiento inérsico de la circunstancia además la información contribuye al impulso hidráulico de su espíritu interno que le mantiene y por el cual crece y madura… se fortalece… sufrir la marginalidad impuesta es una necedad a la opresión y a la cual hay que resistirse hacer público todo lo repulsivo al respecto del tema… ser pues implacables y actuar sobre todo antes que nos coman vivos antropófagos de nuestra razón o el libre movimiento al que tenemos derecho de acción abajo no nos miran participamos de la corriente que a cada rato se ahorca y se desboca como maremoto constante con nuestras propias convulsiones del espíritu ahí interno
/…mira la ciudad …mira tu ciudad su gente enferma supondríamos que es una enferma ciudad latinoameriana cualquiera y posible; mira tu ciudad carcomida y terrible con su ratonera propia en el centro guaridas para perros y zorros a sus alrededores y más allá sus basureros abismales sus deslaves mortuorios de explotadores maquileros e industriales y por último por sus puntas lejanas y enmontañadas están ellos observando cómo nos enlodamos y tratamos de salvarnos unos y otros a veces a favor otras en contra y están los que se salvan por los otros y los que nos traicionan nos obligan nos observan desde sus palacetes o desde sus polarised narco matanza full confort último modelo comprado con el desgaste del pópulo que mantienen oprimido y comprimido en su hábitat gaseoso tan inmundo y por acá ni se acercan sólo nos dejan sus ruinas y sus guardianes armados guardianes de su preciada propiedad tan privada en la cual nos privan de todo todo el día todos los días
/el teléfono suena la ciudad gime por todos lados el mismo ritmo elemental y la vida que aquí nos acontece es una circunstancia mezquina que sintoniza muy bien con el humor de fatuosidades que nos minan interiormente desde la mente…/


[z]

 Guatebala, zona 1 / 2000

LA CASA DE LA GUITARRA

Durante mi niñez y buena parte de mi juventud viví cerca de una colonia muy antigua de la ciudad que todavía tiene casas grandes de adobe. De esas que todavía tienen su jueves de mercado con un poco de todo: desde frutas y verduras hasta cachivaches de segunda mano. Si una semana normal el ambiente era alegre y animado, para la feria el alboroto se multiplicaba. 

En plena feria, en la confusión de elotes locos, gritos, garnachas, luces, algodón de azúcar, música a volumen indecente y otras cosas; la vi por primera vez. Su pelo negro, liso y planchado brillaba al compás de las luces. Tenía algo de felino en su mirada. Tal vez era el maquillaje, le concedo eso. Pero juraría que al ver su sonrisa se calló el griterío, escuché repicar las campanas de la iglesia y me emborrachó un aroma de manzana acaramelada. Me acerqué balbuceante a saludar sin saber siquiera qué vendía. Me quedé allí parado como idiota. “Pase adelante, ¿qué va a llevar?” Solo entonces me di cuenta que estorbaba a los visitantes que se amontonaban en los estrechos callejones. Vendía cosméticos y accesorios varios para dama. Le mentí diciendo que buscaba un par de aretes para mi sobrina.

Se llamaba Marisa y vivía cerca del parque donde se celebraba la feria. Desde entonces fui todos los días con cualquier pretexto y a las dos semanas ya éramos novios.

La primera vez que entré a su casa noté el frío y la humedad típicos de la construcción de adobe. Era fresca, de paredes altas. El techo era de lámina soportada por gruesas vigas de madera y un cielo falso que hacía poco por amortiguar el frío y el ruido exterior, especialmente la lluvia era tan ensordecedora que impedía cualquier conversación o escuchar la radio o la televisión. Aún así, yo la encontraba encantadora. El aroma de la madera, el cáñamo de la hamaca, el adobe y el cigarrillo me traían la nostalgia de la casa donde crecí en el oriente del país

Se la presenté a mis viejos y de inmediato noté que no estaban impresionados. Pensé que habían sido intimidados con su espíritu libre, independiente y aventurero. Marisa vivía sola, al morir sus padres las tres hermanas dividieron la casa: medio lote para dos hermanas y el segundo nivel para la tercera. Cada una tenía suficiente espacio para vivir tranquila. Me obsesioné con ella, empecé a escabullirme cada vez más seguido para dormir juntos. Eran noches apasionadas, intensas. En la madrugada salía a mi trabajo desvelado y exprimido.

Una de esas noches, todavía ebrio de su dulce aroma, Marisa me preguntó: "¿No has notado algo curioso en la fachada de la casa?" La verdad es que no le había puesto mucha atención. "¿Ya viste la figura tallada en la parte alta?"

Entonces recordé que desde antes de conocerla había visto esa guitarra, se erguía con el mástil hacia arriba, las cuerdas se notaban a la perfección. Supongo que a todos los que vivíamos cerca nos pasaba como con las vallas publicitarias que al principio son novedosas y originales, y después de tres meses ya se vuelven parte del paisaje y pasamos frente a ellas sin siquiera darnos cuenta.  Marisa me hizo una confesión: "Es la guitarra del sombrerón. Mis abuelos eran brujos, con el dinero que ganaron de sus trabajos construyeron esta casa y a él se la dedicaron, la guitarra es una muestra de agradecimiento".

- ¿El sombrerón, en serio?

- Sí, mis abuelos hacían bastantes trabajos, se supone que eran famosos. No solo eso, mi papá siguió con la tradición. Recuerdo que una vez que me llevó en su moto a un lugar bien lejos, yo era muy pequeña y recuerdo poco, pero había un grupo de gente. Me recostaron en algo así como un altar, tenían velas encendidas y rezaban unas cosas que no entendí. Me pasaron un ramo de a saber qué plantas y me rociaron con alcohol. Al terminar el asunto, mi papá me bajó, se despidió de todos tan alegre y ya afuera me dijo "bueno, ya estás consagrada".

Yo escuchaba esas cosas con algo de incredulidad, pero la guitarra en el frente de la casa era prueba física de que la historia podía tener algo de cierto. Me contó que en una ocasión hubo fiesta en casa, cuando ya se fueron todos los invitados se quedaron solas las tres echándose los tragos. Ya era de madrugada, la menor de ellas se excusó para ir al baño. Entró y cerró la puerta. Las dos mayores se quedaron conversando y perdieron la noción del tiempo. En eso, Mireya entró en una especie de trance, la vio muy seriamente y le dijo "Marisa, tal vez no me vas a creer, pero soy el espíritu de tu papá" Marisa pensó que era una broma y empezó a reír. "Te lo puedo probar: tu hermana fue al baño, pero ella es muy sensible, yo hice que se levantara para hablar contigo porque verme así la impresionaría mucho, en este momento está desmayada en el baño; cuando terminemos de hablar, tendrás que irla a despertar." Mireya, poseída por el espíritu de su padre, le contó cosas que solo ella podía saber, entre otras, que sobre ellas pesaba una maldición y que nunca iban a ser felices con ningún hombre, porque habían sido entregadas al sombrerón. "Pero, ¿sabes? Yo estoy decidida a romper esa maldición." me dijo con mucha seguridad.

En otra ocasión, una feliz pareja de recién casados alquiló un cuarto en la casa con la ilusión de empezar una vida juntos. La primera noche, el esposo sintió una presencia, en la oscuridad creyó ver una silueta de pie, como si alguien o algo los viera dormir. Alarmado, se levantó y encendió la luz, no había nada. Le preguntó a su esposa si había sentido o visto algo, ella ignoraba de qué estaba hablando.. Al apagar la luz, la silueta se volvió a perfilar a la par de la cama. “¿No lo ves?" Dijo el esposo. "Allí está, nos está viendo".  Por más que ella trató de aguzar la vista no encontró nada fuera de lo común. A las pocas semanas la pareja se fue, el esposo se estaba volviendo loco por no dormir y ver esa sombra todas las noches cuando apagaban la luz.

Una noche estaba profundamente dormido, Me despertó un estruendo, cosas que caían y se golpeaban. Me levanté dando saltos y gritos, corrí a encender la luz.

Nada. 

Marisa me dijo que probablemente había sido un tacuazín que había caído en el techo de lámina.

Otra madrugada escuché ruidos algo más sutiles, como algo que se arrastraba. Al entreabrir los ojos vi con horror cómo la tele que estaba en el mueble inclinaba dar con la pantalla en el suelo, era una tele de las viejas, grande y pesada, al estrellarse la pantalla reventó y salieron chispas, los dos saltamos de la cama esta vez para ver el aparato hecho pedazos en el suelo.

A pesar de eso, mi atracción por esa mujer era intensa. Empezamos a tener pleitos: que si su hábito de fumar, que si otro hombre la miraba por la calle, que si salía con sus amigas. Me daban unos celos terribles. Peleábamos, llegábamos a los gritos, nos mentábamos la madre y luego nos reconciliabamos en la cama. Las noches seguían siendo fogosas, pero me estaban pasando factura. Ahora me veía más flaco, pálido, ojeroso. Una tarde iba cabeceando en el bus que me transportaba de regreso a la casa. Un tipo a quien nunca había visto en mi vida se me acercó, me dijo “Disculpá, no me vas a creer, pero yo puedo ver cosas que otros no. A vos te hicieron algo, te dieron algo en la comida, hasta rico lo sentiste".

 

El descubrimiento que me hizo abrir los ojos ocurrió una tarde de domingo que Marisa salió a hacer unos mandados, me quedé solo en la casa y me puse a curiosear por ahí. En una esquina de la sala había un canasto de mimbre de unos cuarenta centímetros de alto, me acerqué y levanté la tapa, me encontré con un montón de candelas de varios colores, en su mayoría negras. También encontré varios puros. Las candelas tenían la mecha quemada, los puros a medio fumar. En medio de todo eso había un papel doblado, levanté el papel y estaba escrita con lapicero y letra muy clara la oración del puro. No mencionaba nombres, solo las partes entre paréntesis (inserte el nombre del pedido) cuando tocara mencionarlo. Sentí que la sangre se me iba a los pies y mi cabeza daba vueltas. Cuando Marisa llegó a la casa le mostré el canasto y le pregunté qué significaba eso. Ella trató de restarle importancia, me dijo que no le pusiera atención, que eran locuras de su hermana, pero no pude quedarme tranquilo, le dije que no me gustaban esas cosas, hubo reclamos, gritos, amenazas. Ella insinuó que incluso podría estar embarazada, yo estaba furioso, antes de salir con un portazo la escuché diciendo "¡Si cruzas esa puerta ni se te ocurra regresar!"

Pasaron unos días, yo pensaba en ella pero estaba decidido a no volver. Una noche como a las diez me llamó al celular, no le contesté volvió a sonar, la ignoré. Fue tanta la insistencia que me ganó la curiosidad y contesté

Estaba llorando, se notaba el temblor en su voz, "Marco, por favor ayudame, no se que hacer".

- ¿Qué pasó?

- Allí está, el sombrerón, el duende, el sisimite se asoma por los espejos, veo su cara horrenda bajo el sombrero en la esquina y se esconde, está rondando por la casa. Estoy sola, tengo miedo, por favor ayudame.

Me ganó el pánico, colgué, bloqueé su número y me hice el firme propósito de no pasar por los alrededores.

Han pasado los años, me mudé, hice mi vida y me olvidé de ese episodio hasta hace poco que por azares del destino regresé a la colonia en tiempo de feria. El ruido, las luces y aromas eran los mismos, la gente pasaba alegre ignorando que a solo una cuadra de la iglesia y el parque hay una casa dedicada al sombrerón que sigue allí igual que hace setenta años, cuya guitarra en la fachada ya forma parte del paisaje.


NAIPES

 La mesa del comedor era gobernada por los adultos jugando cartas. Unas noches era en mi casa, otras en casa de mi tía, otras donde algún vecino. Para jugar conquián se necesitan tres personas, era común tener amigos o vecinos invitados en la casa. A veces ellos llegaban con sus hijos. Unos me caían bien, otros no tanto. Como siempre en la mesa los mirones son de palo y aunque las apuestas no eran muy grandes, los adultos se las tomaban en serio. 


Yo detestaba esas reuniones. No había licor, pero el olor a cigarrillo era insoportable, los juegos se alargaban hasta altas horas de la noche y los viernes y sábados eran capaces de llegar al amanecer jugando. Cuando estaban en mi casa podía encerrarme en mi cuarto a dormir, pero cuando estábamos de visita tenía que conformarme con quedarme tirado en un sofá o en la alfombra. La tele era mi niñera y me entretenía viendo los programas del MTV como Daria, Beavis and Butt-head, The Real world, Headbangers Ball y Rock videos that don´t suck.


El conquián es muy dinámico. Los juegos terminan rápido y cuando nadie gana se guarda el pozo de la apuesta para la siguiente partida. Las apuestas eran de a quetzal o de a cinco por cada juego, se podían juntar varios jugadores y se turnaban para hacer siempre un grupo de tres. El que perdía su turno se podía quedar bromeando con los demás o podía salír a tomar aire o agua, platicaba un poco con nosotros o iba a ver qué estábamos viendo en la tele. 


Recuerdo una noche que mi tía llevó a un amigo, se llamaba Gustavo, era profesor y daba clases en la misma escuela que ella. Se supone que sabía leer el cigarro. La idea era que la persona le diera unas cinco o siete fumadas sin tirar la ceniza y se lo daba. Entonces él entraba en una especie de trance, tomaba el cigarrillo con una mano y con la uña del dedo meñique - convenientemente larga y cuidada que parecía de mujer-, empezaba a ver los puntos blancos y negros de la ceniza, el humo, la inclinación y la uniformidad del borde de la brasa para dar sus predicciones, hablaba con frases cortas, con respiración pesada y con una seguridad que dejaba a los adultos sorprendidos. Daba la impresión de que algún espíritu se apoderaba de él y le decía las cosas que iban a pasar. Cuando terminaba sus adivinaciones, alzaba el rostro hacia el cielo, cerraba los ojos y respiraba profundamente, sacudía las manos y pedía agua, alguien llegaba rápido con un vaso y cuando se la daban se la echaba en las manos y se las frotaba, luego se frotaba la cara y la cabeza calva. Era como si algo le quemara y tuviera que refrescarse. Todo ese teatro le daba más credibilidad.  “Es exacto” decían, “el tipo es infalible, te dice lo que te está pasando y lo que te va a pasar como si lo estuviera viendo”.


Después de varias visitas a una casa y a otra, una noche que estábamos de visita, me había quedado solo en el cuarto viendo cualquier cosa en la tele. Gustavo llegó diciendo que le había tocado perder y quería distraerse un rato. “¿Qué estás viendo?” me preguntó, acostándose con toda confianza a la par mía en la cama. “Un documental” Le respondí, algo de tecnología. “Ve, que interesante, ¿te gusta ver esos programas?” Hablaba con voz suave. Gustavo era homosexual y no hacía nada por ocultarlo. Fingía interés por el programa y comentaba algo de vez en cuando. Mi incomodidad de tener tan cerca a un adulto que casi no conocía se convirtió en alarma cuando sentí su mano en mi pierna. “Este, creo que me llaman” dije y me levanté de la cama “¿De verdad?” dijo con voz baja y seductora. “yo no escuché nada”. “Sí, me voy”. Tuve que aguantarme el sueño, el susto y la rabia y fui al comedor donde estaba el grupo jugando y contando chistes.


Otra vez me dijo que tenía una predicción muy importante para mí, le tenían un respeto como si fuera el Rasputín guatemalteco. Enfrente de todos me jaló y me llevó al cuarto, me acostó en la cama, acercó su cara a mí olfateando como un animal a punto de comerse una presa. Por un buen rato estuvo así sin tocarme, pero cuando quiso bajarme el pantalón le di un empujón y salí corriendo.


Pasó el tiempo, parece que al fin se dieron cuenta que Gustavo era un fraude y lo dejaron de invitar. Las partidas de conquián seguían celebrándose. 


Otra de las asistentes frecuentes a los juegos nocturnos era Marybeth Carrera. Marybeth había tenido una vida cómoda y feliz hasta que su esposo, manejando a alta velocidad de noche en la autopista, se estrelló en la parte trasera de un tráiler que no tenía luces. En ese tiempo no existían las bolsas de aire, usar cinturón no era de machos y así dio con el pecho en el timón, dicen que el corazón se le reventó y murió al instante.


Así, Marybeth se quedó sola con tres hijas. Después del luto y la depresión vino la incertidumbre. Su máxima aspiración hasta entonces había sido ser un ama de casa al lado de un hombre de dinero que le diera sus gustos. Ahora su plan se había ido por el desagüe. La familia política le ayudó por un tiempo pero ella tuvo que buscarse la vida a su modo. Le decía a sus hijas que iba a Tapachula a traer mercadería para vender en los mercados de la capital. En realidad trabajaba como prostituta en una casa cerrada de la zona diez con el plan de hacer la mayor cantidad de dinero posible aprovechando al máximo sus treinta y dos años antes que su frescura desapareciera. Yo no tuve conocimiento de estas cosas hasta tiempo después, para mí solo era una vecina a quien íbamos a visitar o venía a visitarnos y a veces jugaba y platicaba con sus hijas que me caían muy bien. En especial Maria Clara, la de en medio.


A todo esto contaba yo con unos trece años. Mi viejo y sus amigos ya empezaban con eso de “hay que llevarlo donde las nenas para que lo hagan hombrecito”. Yo le tenía pánico al asunto, cuando me hablaban del tema me ponía a la defensiva. Algunas veces haciendo mandados con mi papá en el carro pasábamos por el Cerrito del Carmen y me decía, medio en broma, medio en serio: "Por aquí hay lugares interesantes, ¿querés visitar alguno?" Yo me refundía en el asiento del copiloto y le decía que no. Él se encogía de hombros y seguíamos de largo.


Recuerdo claramente un catorce de septiembre. Por primera vez estaba en un colegio que tenía banda escolar - unos cuantos instrumentos, entre nuevos y usados - y yo era uno de los tres clarines. Daba la casualidad que dos semanas antes había tenido una fractura en el brazo derecho y lo tenía enyesado. Encima de eso, hacía poco más de una semana que un compañero me compartió su helado mientras me contaba que estaba recuperándose de la varicela y me contagió. Así que estaba enyesado y con las costras de varicela apenas cayéndose, sin embargo, la fiebre y el malestar ya habían pasado y estaba en condiciones suficientes como para asistir al desfile de independencia.


Esa noche hubo partida de conquián en la casa.


No podía creerlo. Yo convaleciente, nervioso, tenía que madrugar mañana y allí estaba el alboroto en la casa, el juego, las risas y el maldito humo de cigarro. Andaba con un humor de perros, aguanté todo lo que pude pero me venció el sueño y me fui a dormir.


No sabría decir qué hora era. Estaba profundamente dormido, di una vuelta en la cama y me topé con algo que me despertó. Todo estaba oscuro y silencioso indicando que el juego había terminado. ¿Qué es esto? ¿Hay alguien en mi cama? Mi mente no pudo procesar bien lo que estaba pasando hasta pasados unos minutos. ¿Quién es? Huele a perfume dulce, a cigarro. ¿Qué hace aquí? Me ganó la curiosidad, con timidez y con el corazón en la garganta estiré mi mano sobre la sábana, sentí la curva de su cintura, su cadera. Definitivamente es una mujer… ¿Marybeth?


Ella no se movió, respiraba con tranquilidad, parecía estar dormida. Yo no sabía lo que estaba haciendo, me movía impulsado por algo más fuerte que yo. Mi mente no podía concebir cómo había llegado a esta situación. ¿Y si se despierta? Actué más por instinto que otra cosa, mi mano buscó el borde de la sábana y la levantó. Toqué una piel suave, tersa, yo nunca había tocado una piel así, de mujer, su espalda estaba desnuda, mi mente estaba a reventar, seguí curioseando con la punta de mis dedos, me topé con una cinta de encaje de lo que adiviné sería una tanga.


Entonces se movió.


¡Mierda! ¿Y ahora qué? Estará molesta, me va a decir que no sea abusivo, que respete y la deje tranquila, se va a quejar con mi papá y voy a ser la vergüenza de la familia. En lugar de eso se dio vuelta hasta quedar frente a mí.


¿Tienes frío? 


Solo atiné a decir "no" con un hilo de voz.


Hasta la fecha sigo sin entender qué quiso decir con esa pregunta. Tal vez lo dijo por decir algo. Lo que lo que pasó a continuación fue algo vertiginoso. Esta vez fue ella quien empezó a tocarme, sus manos me buscaron, no hubo besos, en la negrura de la noche no tenía idea de qué estaba pasando. Solo se que yo estaba terriblemente incómodo con el yeso, sentía que las costras de la varicela se hacían enormes, me picaban y me dolían. Ella me manipuló, me rodeó con sus piernas, me colocó en posición y me usó como un instrumento, un instrumento que no tardó mucho en explotar y dejarme agitado y confuso.


El silencio y la oscuridad reinaron por un minuto eterno.


Marybeth se levantó, fue al baño, escuché el interruptor de la luz. Después de un rato escuché el ruido del agua en el inodoro. Regresó, se acostó y encendió un cigarrillo, veía el punto anaranjado de la brasa subir y bajar como un fantasma. El humo me asfixiaba. Cuando terminó el cigarro volvió a quedar de espaldas a mí y siguió durmiendo.


¿Qué acaba de pasar? ¿Eso es todo? Mi primera vez pasó sin estar amor, sin anticipación, sin ningún plan, sin protección, con solo dos palabras. Mi cabeza daba vueltas. Me voy a ir al infierno. Soy un pecador. Sentí angustia, pánico. Odié a mi papá por ponerme una trampa y salirse con la suya. Odié a Marybeth por prestarse al juego. Me odié. Estaba embarrado de culpa y quería arrancármela de encima.


En algún momento me venció el sueño. La alarma sonó a las cinco de la mañana. Me levanté, ella se quedó en la cama durmiendo. A esa hora era el único despierto en la casa. Fui a bañarme, me vestí, calenté un poco de frijoles, me hice un huevo estrellado y una taza de café. Desayuné y fui al colegio a juntarme con mis compañeros para el desfile.


A media mañana, a medio desfile, iba al frente de la banda cargando con el peso de conciencia que me agobiaba como el sol, que me picaba como el yeso, como la varicela. En eso, con el rabillo del ojo vi a María Clara viendo el desfile desde la acera. Me vio, sonrió y me saludó. Sentí náusea, ganas de llorar y quise salir corriendo. ¿Cómo podía decirle ahora que ella me gustaba?


El caminante va


ahí va
el caminante va
el horizonte, las montañas, el camino
el caminante va
ahí va, su camino las constelaciones,
el sol en la espalda, su sombra
ahí va
el deseo, el camino sin control
ahí va y no se detendrá

el caminante va
y ahí va y ahí va
miles de caminos, el dolor en cada paso
cada segundo es más duro, el latir de la tierra
el dolor y no para
ahí va
el caminante va, el paso
no se doblegara
quizá espejismo o solo peso
ahí va
trata de tener el control 

el caminante va
el caminante va
el latir de la tierra
el latir de la tierra
lo escupe la tierra
y no se  detiene
lo escupe la tierra
y no se detiene
no se va
ahí va
ahí va el caminante
el peso del sol en la espalda
sigue su sombra
ahí va el caminante
el cielo, las estrellas
su peso el sol
un nuevo camino, la luna
ahí va
el caminante va
supone control
el camino no se ha perdido
el caminante va

ahí va
en el fondo, la imagen femenina se distorsiona
se distorsiona el paso
el sentimiento, la imagen femenina se pierde
se cae, el caminante sigue
no hay espacio, el paso se distoriciona
se distorsiona la imagen
el caminante va
ahí va
ahí va

 

** Primeras composiciones de introAcido, se encuentra contenida en el DEMO cerO Negativo



Tinta, nada y todo

    Tengo el rayón de un lapicero en mi mano izquierda y no recuerdo cómo llegó allí. Sin duda tendría en mi memoria reciente el acontecimiento que provocó tremenda pinta, es como si alguien hubiese dibujado una grieta con mucha lentitud. Por momentos, me parece tener noción de qué ocurrió, pero las imágenes son difusas. En la lejanía de los instantes, percibo un cabello negro, liso y escurridizo, silencioso que se escurre entre mis dedos. Veo sus ojos, avellanados y encendidos, llenos de furia y seguridad. Me reta y huye, pero no es así cómo ocurrieron las cosas, quizá yo mismo tomé la pluma y me provoqué esa herida de tinta en mi mano izquierda; tiene sentido, soy diestro y habría realizado el trazo sin problema, pero no tengo lapiceros ni nada que manche cerca de mí. La tinta en mi mano parece crecer, extenderse por mi antebrazo, trepa hacia mi pecho y de nuevo, la sensación, el perfume, el aroma a alcohol. Mi vecino llegó a mi puerta, tocó con fuerza ¿Lo hizo en realidad o ya estaba en la calle matando hormigas? Sí, eso hacía, como si fuera un niño tomaba el insecticida y lo rociaba contra un hormiguero que había invadido la casa; el vecino dijo deja de tomarme fotos y yo volví hacia él y le dije que no había tomado ninguna foto y quizá lo pensé, pero no se materializó ¿O sí pasó? ¿Qué sucedió con las fotografías? ¿Tomé fotografías? ¿A quién? ¿A tu esposa? No, a mi casa, que deje de tomarle fotos a la casa ¿A su casa? No, hay un malentendido, pensaba que quizá leyó mis pensamientos pues sus ventanas carecen de cortinas y más de algo se podría ver, pero la valentía no me sobra y el tiempo para realizar tal hazaña me escasea, entonces, no he hecho nada y entendí por fin que la confusión alcoholizada de su vista lo inclinó a creer que había fotografiado su vivienda, cuando en realidad, captaba su auto imprudente ocupando una fracción de mi parqueo. Resuelto el misterio y la confusión, volvió a beber en su auto con su reguetón danzante y yo a mi cacería de insectos. Entonces, me fijé, recordé que no tenía nada en mi mano aún, que la pinta no se produjo en ese momento. Ocurrió más tarde, con ella, ¿Con quién? ¿De dónde salió? ¿Hacia dónde va? Es delgada y repleta de misterios, una silueta escurridiza que se escabulle entre mis pensamientos, una diosa de la nada, de mis miserias y de mis mentiras, de mi pasado, de mis huellas y desatinos, un desenfreno que presagia la tragedia de la vida misma. Y recordé, que no fue un lapicero lo que provocó la tinta en mi mano, tampoco un beso, una caricia ni un cabello ni nada que recordara. Es una cicatriz perpetua de mis recuerdos y mis ilusiones que se extiende sin que pueda detener el desliz hacia donde me lleva con su avanzar delirante.

MARREISMO O MUERTE

 

¡Compañeros Poetas!

Tomando en cuenta que soy un proxeneta, quisiera comentarles…

Recuerdo haber sido un color, trascendiendo de lo newtoneano al monocromatismo más suicida. Me veo como un mal pintor en un mal momento o una zorra proxeneta de las artes.  Sé mi mano como un pincel aletargado que chorrea los intentos más delirantes del impresionismo o el flujo menstrual de la enfermedad más acrílica.

Dibujos de ciego y versos de analfabeta.  Terrorismo moral y ético, carente de libros de texto y biblias con hojas doradas.  Y mis eternas escopetas que disparan a los nuevos ches, a los nuevos dalis, a los nuevos sartres, a los nuevos nerudas, a los nuevos nietzches y hasta los mandinos.

¡Marreísmo o muerte! para mí que socializo socialistamente con todos mis yo; aunque cada uno sea anacoreta.

 

Autor: Alejandro Marre 

Texto tomado de: Automicidio Semántico

Ediciones Mundo Bizarra

Guatebala 1,998