jueves, junio 04, 2020

Música

Los días últimamente me parecen interminables por acá. Es cierto que las ventanas se mantienen abiertas todo el tiempo, entra aire fresco y las paredes claras reflejan la luz, aún así a veces siento como si el tiempo se detiene, que las horas no pasan, ya ni me interesa el reloj. Al menos puedo venir de mi cuarto a recostarme en el sofá, ¡es tan cómodo sentir cómo te envuelven los cojines! luego a seguir descansando y ver los alrededores.

Las noticias son siempre las mismas: violencia, muertes, robos, extorsiones, todo repetido hasta el hartazgo. Las mismas situaciones, solo cambia el nombre y la cara, bien escuché decir a alguien por ahí que nuestro cuerpo es un recipiente, una plantilla donde se deposita un alma. El típico cliché de las películas donde dos personas se intercambian el cuerpo, a la larga tus vicios o tus virtudes te van a llevar al mismo lugar donde estabas al principio y vas a ser igual de feliz o igual de miserable que antes.

En fin, hay varios tomos en la librera pero estoy aburrido, creo que si me metiera en un libro en este momento y viviera otra historia diferente a la mía, podría positivamente perderme en un laberinto y volverme completamente loco. No, no me recomiendo leer en este momento.

Podría, sin embargo, escuchar un poco de música. Sí, eso, dejar de pensar por un momento y dejarme guiar por las notas. ¿En realidad dejas de pensar con la música? Creo que es todo lo contrario, tu cerebro no se ocupa de otra cosa, se mete de lleno a la tarea de interpretar el sonido, es como si tendiera una carretera de muchos carriles, uno por cada instrumento, y los recorre todos al mismo tiempo, uno para la batería, uno para el bajo, guitarra rítmica, guitarra acústica, aquí entra un piano, aquí una campana, una voz que surfea por sobre todo.

Me levanto y me siento todo un Young, un Page, Iommi, Blackmore, mis dedos bailan sobre las cuerdas en un ballet frenético pero acompasado. Qué me importa que se burlen de mí, que me digan que me veo ridículo tocando una guitarra de aire, las notas están en mi cabeza, las conozco, se suceden una tras otra, en el compás preciso y el tiempo perfecto, hay un micrófono frente a mí, canto con voz potente, una pared de bocinas se yergue tras de mí, estoy en un escenario y la música actúa como luna sobre la marea de gente que hace olas y me sigue en coro. miles de cabezas sonríen y cantan, no soy uno solo, soy un grupo, soy todos, las melodías siguen una a otra, soy el rey del concierto, estoy vivo, siento la sangre en mis venas y escalofríos recorren mi cuerpo interpretando mis temas preferidos, ¡soy grande, soy inmortal, quisiera que esta sensación nunca se acabe!

La enfermera se acercó a la habitación eclamando lacónicamente "¡se acabó la visita señores!" Una señora de mediana edad era la única visitante del joven postrado frente a ella, era su hijo. 

Dicen que las personas que se encuentran en coma tienen cierto nivel de conciencia aunque parezcan estar dormidos, Por muchos días le habló contándole noticias de la familia o cosas triviales, luego se le ocurrió una idea y ahora lo hacía siempre que lo visitaba.

Le acercó las manos a la cabeza y con mucha delicadeza le quitó los audífonos, apagó el reproductor que el joven solía usar y lo guardó en su cartera. Salió de la habitación satisfecha de verlo, tal vez lo imaginaba pero incluso le parecía ver una tenue sonrisa dibujada en el rostro.

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