jueves, agosto 06, 2020

-Identidad Anónima-

  /Anonimia-Anónimus; espacio integral del vacío y lo que no se nombra, lo que ya no puede nombrarse; nombrar eso que flota en un constante e irrepetible devenir del darse efectivo de las cosas; nombrar-decir-evocar un ser que entre otros seres es uno más, algo cada vez más amorfo, más parecido a un reflejo o una emoción que su materia inicial, la resultante de un incesante despojo a contrareloj, un total aparataje reducido a su mínima expresión en calidad de escupitajo social-económico-político-demográfico cuya ubicación en el cosmos es similar a un cero a la izquierda, acá estamos, mutilados a tajadas de pura endemia; seres compuestos de nada y en calidad de préstamo sobre la bandeja deliberada del capitalismo avorazado y desbocado, máquinas deseantes, seres sin órganos, objetos dispuestos a todo, y a toda improducción, a todo falso equilibrio de las fuerzas /anarquía del aquí ser/ números y números más números en secuencia deslizan sobre una pantalla lc monitor colgado en la cafetería de alguna universidad, solo por variar/
/entendemos anonimato no como una cobarde forma de irresponsabilidad ante lo que se escribe, tampoco como la oportunidad de jugar mediocremente a ser escritor sin recibir vergonzosas críticas y comentarios en la cara, mucho menos como una regresión al tiempo cuando el autor no firmaba sus obras; este anonimato que nos proponemos es en parte una convicción y una aceptación de nuestro lugar en la periferia del sistema cultural; en principio es el reconocimiento de esa periferia, la conciencia del lugar que ocupamos no solo en la economía artística, sino en todo el sistema cultural; no es la simple aceptación de unas limitaciones, sino la decisión de trabajar desde esta posición y sin la intención de con ello, abandonar la marginalidad para “triunfar” en el mercado artístico; precisamente porque no es algún tipo de legitimación lo que interesa, y menos aún pretender alcanzar la “consagración” es que somos anónimos/
/admitimos que aún es ilusorio el espacio creado en la red internacional para la divulgación “libre” de pensamientos y propuestas que en nada repercuten, por el momento, en el académicamente establecido mercado del arte; ante el abrumador número de blogs y páginas dedicadas a la literatura, habrá que aceptar que cien lectores diarios no implican un asalto al círculo literario y mucho menos aseguran una incursión exitosa a la producción literaria /el blog en Guatemala sin un “nombre” legitimizado es todavía periferia/ la red internacional le brinda al usuario la posibilidad de encubrirse, de no mostrase, por lo que es común la utilización de seudónimos y el anonimato; independientemente de cuál sea la intención por la que se obvia el nombre, la evasión del yo ocurre o intenta ocurrir; y aunque se utilice un nombre, será uno entre muchos, ésta es la ilusión del ciberespacio, la de darnos una voz, pero una entre miles de millones de voces, la oportunidad de contar nuestra versión de la historia entre miles de millones de historias, que hacen irreconocible la verdad >>si es que la hay<< y la desconfianza de ella; lo que hay es tan solo ruido/
/–desde nuestra actual perspectiva esto no importa–, porque aunque seamos anónimos y proyectamos el alcance de la mayor cantidad de lectores, el blog es solo un medio, entre otros/
/ser anónimo es más que negar una identidad improvisada a diario, más que un código de barras, más que sólo un nit (número de identificación tributaria), más que un voto nulo o en abstencionismo, más que XX o la masa que desfila a la fosa común; en este acá y ahora en el que nos destazamos, el anonimato es una manera del suicidio, una forma de negación del conjunto de parafernalias y elementos fatuos; hacerse el paria, hacer el magnicidio social del propio y tan egoista yo, sea el que sea, al precio de una identidad clonada al infinito masa, expuestos al plagio y la anulación de un ser, sea el que sea; soltarse del anhelo de trascendencia para abrazar el momento, lo efímero, todo esto perecedero, saltar a las vías bajo las ruedas del tren histórico, tatuarse cual texto de spray a lo largo y alto de las paredes de la ciudad, graffiti de hoy y mañana quizás ya no, palabras con fecha de caducidad, quizás voces desteñidas por el clima /según el ambiente/ quizás rasgadas quizás lavadas quizás cubiertas por una nueva capa de pintura/
/porque el anonimato para nosotros no es una evasión de la responsabilidad o una cobardía, es también un desprendimiento del nombre y del apellido; no escondemos nuestros nombres sino, no necesitamos de la determinación arbitraria que nombra lo que somos; lo que implica despojarnos de la historia que se nos impone; la familia de la que soy miembro y su procedencia, mi procedencia; tampoco su negación, sino un despojamiento de su determinación en nosotros que nos asigna un lugar dentro de la genealogía de nombres intrascendentes de este país; somos anónimos porque no necesitamos de nuestros nombres y no pretendemos “hacernos” de uno, para que con los años nos lleguen las invitaciones a intrascendentes conversatorios acerca de literatura o nos pidan que comentemos un libro, créernos los intelectuales de turno y vivir esa paja de vida/
/en este sentido lo que intentamos negarnos con el anonimato es la esencia, no hay nada nuestro que sea único, especial e irrepetible; no tenemos rostro, ni nombre, ni historia, ni lugar; reconocemos, como muchos otros antes que nosotros, que somos una especie de vacuidad rellena de lenguaje >>independientemente de sus limitantes y equívocos<< así que lo único nuestro es la configuración con la que llenamos el vacío que somos, forma ya repetida hasta el tedio; no pretendemos innovar nada, estas palabras no nos pertenecen, ya fueron dichas, es parte de lo que está, de lo que se dice/
/literariamente tampoco queremos ser pretenciosos, el anonimato para nosotros es una coincidencia no un estilo, no compartimos una forma, tal vez algunas referencias e intenciones, fuera de ello somos simples humanos que se cansaron de estar arrinconados/
/anónimos son los sujetos en la fila del supermercado, en la fila del pago de servicios, en la fila del banco o del pago en línea, en la fila de cobro de indemnización por estafa; anónimos son los privados de libertad y justicia, son los hacinados en pulcras oficinas o en industrias y maquilas transnacionales, en hospitales públicos, en asilos para ancianos, en internados de rehabilitación o para enfermos mentales; anónimos son los que se arrastran a diario mendigando un poco de ternura compasión o solidaridad, los arrinconados en cuartuchos de hotel barato para fumar crack, los que duermen en la calle, los que corren para todos lados pero sin destino, los que se amontonan y arrebatan entre las migajas de miseria que caen de la mesa de los estados y gobiernos/

 –primer borrón–
S.o.P.a.
viernes, 18 de mayo de 2012


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