miércoles, octubre 23, 2019

1011010

y el tiempo que devora
deja absorto
con vista fija
se detiene el cuerpo
lentamente se pierde la sonrisa

SEEPPLASPLCS

Tránsito emocional. Silencios medidos en kilómetros. Un puesto de control. Una llave abre tus brazos y miro adentro. Tampoco estoy aquí. Giro y atravieso mis ojos. Mis venas son el mapa de una isla. 
No saber qué tan lejos
Y no saber de quién
No estar seguro
Si se está lejos
O simplemente
Se está solo

Salgo de aqui
Me voy 
Hablo
Con mis palabras
recorro cuerpos
y con la mente
construyo puentes
que con silencio
Incendio

Llevo las cenizas dentro
te guío - te libero
te adentro
te persigo
te pierdo
te veo a los ojos y te extraño

Estoy en las personas 
Infectando
Veo a la gente como lugares
Me siento lejos si volteas 
Veo almas perdiéndose en el horizonte 
Veo un amanecer de rostros nuevos 
Atardecer de los muertos
Brazos escalonados
Ojos cúpula
Mentes templo
Ciudad bombardeada - gente bombardeada
Soy la selva Invadiendo corazones escombro

restauración/sanación 
Nada será igual
Ni será mejor
La gente tambien se gentrifica
El pobre abandona
La calle/ la soledad/ lo asequible /        
el nuevo hogar /lo que queda


   
Que no solo la tierra requiere pasaportes
También existe
Una aduana
En tus ojos

Sabés
que la culpa se contagia
que estar a mi lado
es arriesgar tu alma

Mujer de aire
         y nubes
Espada de mi herida naranja

Encontré en tu piel un mapa 
Tallado en madera blanca

Encontré mi alma 
tatuada en tu cuerpo
Piel de mango
Árbol de mango

El camino a casa 
y la casa misma
El mapa del tesoro
El tesoro

Tengo para ti
Un corazón de espejos
Que vacío
Se vuelve infinito

para mi
Tres candados y una contraseña: 
satanás

Gárgolas góticas
Piedra escultora
“Tu cuerpo es un templo”

Sillas con patas quebradas
Inodoros rebalsados
Pilas de hueso 
con ojos canicas 
marco sin puerta
Habitación oscura
Oscuridad parlante
T.V offer en un loop
Televisor silente

Te quitas el infierno
Como una prenda
el cuerpo de cristo
En un cadis cilíndrico

exorcismo localizado
paz intensa

Sonríes a una elfa sin dientes
En su colchón meado
Estoy de visita en mi interior
Un consultorio de ángeles
exactamente como imaginaba
exactamente como temía

más cerca de la muerte
es siempre
más cerca de la vida

cada mirada 
es una señal divina
cada palabra 
un proverbio

martes, octubre 22, 2019

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Anoche mientras enredaba tu cabello y lamía tu piel
contemplé mi muerte
una dulce visión donde estabas viendo mi rostro
cerrando mis ojos.

lunes, octubre 21, 2019

Canelo

Un fuerte y extraño soplido los alertó. La candela de inmediato se apagó y desató reclamos entre los dos hombres que compartían la tenue luz para permitirse una lectura. Él leía una novela de Saramago, el otro entretenía su vela con una tira cómica de Mafalda. Estaban el interior de un bus y habían improvisado unas camas a la espera de unos jornaleros que habían contratado sus servicios para llevarlos a una larga faena cerca de la frontera con México. En medio del sofocante calor de la costa sur, Renato y Jorge, piloto y ayudante, aparcaron en medio de un extenso y árido campo de fútbol. Ese sería el punto de reunión. Jorge volvió a encender la vela.

La noche los abrazaba con su oscuridad. No se atrevieron a preguntarse qué pasó. Ninguna ventana estaba abierta. El calor los cocinaba por dentro, pero lo preferían a que algún bicho o animal ingresara sin ser invitado, sobre todo por la colección de huesos de pollo de Jorge, quien siempre cargaba una bolsa con los desechos de sus innumerables almuerzos de pollo frito. Jorge es gordo, de mediana estatura y con una extraña afición para conquistar el “amor” de cualquier perro callejero. Siempre se inclina cuando ve alguno y de su bolsa saca un par de huesos. Renato siempre le cuestionó esa desagradable práctica de guardar comida grasosa en su pantalón, pues, le decía que un buen día una jauría de perros se cansaría de tener que rogarle por comida y se la arrebatarían a mordidas. Jorge siempre se reía del mismo chiste y reprimenda de su compañero.

A pesar de llevar varios años viajando juntos, se conocen muy poco. Renato desconoce que su amigo de aventuras tiene dos hijos y con los trabajos que le salen paga los estudios de estos. No vive con su mujer, pues ella lo dejó por otro que sí tiene dinero, pero de la educación de los patojos se encarga él, porque es su responsabilidad. Por otro lado, Jorge no desconoce mucho de la vida de Renato, quien tiene la fama de andar merodeando las faldas de cualquier mujer que vea vulnerable y débil. Va, principalmente en busca de aquellas que son forzadas a trabajar, a ellas a las que nadie escucha. Se acerca a las tortillerías y tiendas en donde comienza con su labia de Don Quijote, a hablar de gigantes, grandes batallas y dulcineas. Renato es flaco y alto. Tiene esposa e hijos, pero esto no le impide que cada vez que salga se encuentre con una joven mujer que le espera desde hace años. Nunca viaja en familia, él dice que el viaje es solo para el trabajo y con ello ha logrado mantener sus dos vidas separadas. Con su bus ha logrado conocer casi todo el país, tener trabajo con decenas de finqueros en la costa sur y enamorar a docenas de jovencitas que se sienten atraídas por un señor cuarentón que presume de riquezas y propiedades. Una de esas hermosas damiselas es Adriana. Renato está tratando de no quedarse dormido porque espera que la joven aparezca. Le llamó antes de salir, que iba para su tierra y que esperaba un poco de calor para dormir tranquilo. La joven sintió el cosquilleo en el estómago y le pidió indicaciones para llegar.

Siempre llevaba un libro, decía que a las mujeres les gusta que un hombre sea sabio y culto, o que aparente serlo. Le gustaban mucho las novelas sencillas y casi siempre andaba con un libro que no leía y que decía haber leído. Las mujeres que frecuentaba, muchas veces no sabían ni escribir, pero Adriana era educada. Si no fuera porque estaba casado, se quedaba a vivir en ese lugar solo para estar con ella. Cada vez que llevaba un libro, por fuerza debía leerlo, porque ella le pedía que se lo contara y luego, después del sexo, ella se llevaba la novela para saber si su amante tenía razón.

En esa ocasión, más allá de lo que pensaba de fingir intelecto, Renato se sintió fascinado por la lectura y por el libro que llegó a sus manos por pura casualidad. Hablaba sobre la muerte y de cómo esta deambulaba entre la humanidad. Jorge, por su lado, no sabía qué hacer cada vez que su compañero compraba libros, porque no tenía idea de qué leer. Un día se topó con un librito de la popular tira cómica y se fascinó tanto con Mafalda que hasta se sabía algunas tiras de memoria.

Salieron a fumar. Renato esperaba con impaciencia a su amada. Jorge estaba preocupado porque el “Canelo” no había llegado. Le dejó una bolsa con huesos cerca del bus. Su compañero se burlaba, quizá ya lo habían hecho taco. A Jorge no le gustó la broma, pues era especial. Lo encontró justo cuando su mujer le había avisado que ya no la encontraría en casa. Se fue y se bebió casi todo su sueldo en una cantina. Perdió el conocimiento y se encontró en la calle junto con ese perrito que esperaba con paciencia a que despertara. Jorge se despertó con un terrible dolor de cabeza, sin zapatos y sin pantalón. El perro le dio calor y por ello no murió de hipotermia en aquel extraño invierno que azotó la región costera. Caminó y el perro lo guió. Lo llevó hasta un albergue donde le dieron refugio. Pensó que era un Cadejo, pero no, el perro se quedó y lo adoptó como “Canelo”, por su color café. En ese entonces era un cachorro. Al partir, juró volver para cuidarlo y llevárselo. Cuando regresó, varios años después, el perro lo reconoció y fue a su búsqueda. Le llevaba todos los huesos de la comida que había degustado en el camino y el perro, feliz, comió el manjar. Desde entonces, Jorge tiene la afición de guardarle huesos a los perros de cada lugar, pues considera que son mejores para ayudar que cualquier persona. “Un perro jamás te juzga”, decía siempre y luego hablaba de su esposa. Finalmente, los dos hombres se quedaron burlados y decidieron dormir, los jornaleros llegarían a las tres de la mañana y eran puntuales.

Mientras se acomodaban, una tenue lluvia caía. Los arrulló. Luego, esa llovizna subió de intensidad y se volvió en una tormenta eléctrica que despertó a Renato. Un rayo iluminó el interior del bus y este vio la hora en su reloj de pulsera que colgaba frente a él. Faltaban unas horas para que los jornaleros llegaran y solo podía pensar que estaría cansado durante el viaje y en Adriana que no había llegado. Su obsesión lo mantenía despierto. La lluvia cesó abruptamente y un silencio lúgubre se apoderó del lugar. Renato se sentó ante la extraña sensación que daba aquella falta de sonidos. De pronto, observó la silueta de una mujer que pasaba frente al bus. Tocó dos veces la puerta. Esta Adriana, pensó. Ya es muy tarde, no dará tiempo de nada. En su cabeza ya maquinaba las palabras para decirle que se fuera a dormir, que ya era muy tarde y debía descansar. Abrió la puerta corrediza y una densa oscuridad le envolvió. Parpadeó varias veces para asegurarse que sus ojos no estaban cerrados. Sintió una brisa fría bajo sus pies. Luego, un fuerte viento le sopló en el rostro y se metió dentro de su boca. Frente a él, la silueta negra de una mujer de cabello largo parecía mover sus brazos como dirigiendo al viento que se colaba en su pecho, se abría paso por su estómago provocándole náuseas y movimientos en su cuerpo que él no podía controlar. El aire le faltaba, la vida en sus ojos se extinguía; la mujer abrió los ojos y eran dos bombillos de un azul brillante que le encandilaban el alma. Avanzaba hacia él y en un intento por zafarse cayó de espaldas golpeándose la cabeza y sintió como su lengua comenzó a dormirse. Se incorporó y en un último aliento de fuerza cerró la puerta con violencia y de inmediato se desplomó perdiendo el conocimiento.

Poco después despertó y abrió la puerta rápidamente. La oscuridad ya no era densa y se veía todo perfectamente. Observó su reloj y se percató que los jornaleros llegarían en cualquier momento. Tomó unas hojas de papel periódico y se disponía a buscar un baño. Cuando estuvo a medio campo, se sintió inseguro y recordó el mal momento que le hizo pasar esa extraña mujer de pelo largo. Así que decidió volver sobre sus pasos e improvisó un sanitario en la parte trasera del bus. Se bajó el pantalón y en ese momento, mientras vigilaba el paisaje, vio que algo se movía a la distancia entre unos arbustos. Su corazón comenzó a latir con más fuerza y se quedó petrificado al sentir la presencia de algo en su espalda. Tuvo tanto miedo que no se atrevió a voltear, pronto sintió que algo viscoso y tibio le acariciaba una pierna. Saltó y trató de gritar. Los pantalones se le trabaron entre las piernas y cayó de bruces. Sentía que la respiración le faltaba, su vista se nublaba y su lengua lentamente se entumecía.

Jorge se despertaba cuando escuchó el sobresalto y un fuerte golpe en el suelo, gruñidos y gemidos como de dolor. Salió del bus y escuchó el jadeo de Renato quien estaba con la mirada perdida y parecía morirse. No respondía y cuando al fin volvió en sí, el piloto apuntaba con su dedo debajo del carro. Al voltear, Jorge sonrió… Era el “Canelo”. – ¿Qué te hizo el chucho, vos?- preguntó y Renato, humillado y confundido, se levantó el pantalón, gritó, insultó y pateó al pobre perro – Ya, vámonos-.

Fuente: deliriopuntocom











viernes, octubre 11, 2019

Domingo por la mañana

Despertar rodeado de la belleza, olores y sabores
Abbey Road suena siempre nuevo,
una bacha humeante
La calavera de Asturias en el closet quiere leer
Domingo por la mañana, es mayo, hay lluvia, no estoy en casa
Una erección perentoria, una larga cabellera, la dulce desnudez
caoba, muslos de caoba, avellanas bajo la lengua, escupitajo de                       
                                                                                  cardamomo
Niebla, niebla, si pudiera yo encontrarte
Entre la niebla
Here comes the sun

miércoles, octubre 09, 2019

Saludando al Gran Masturbador

Una acuarela luce petrificada
en el fondo de un vaso.
Acabó el festín de pinceles
y atardeceres y se instaló
la misa de ojos, pieles lozanas
y vaginas multicolor.

Dentro de la cueva
hay un espejo que
de tanto reflejar parásitos
en labios con enredaderas falsas,
se ha roto en llanto
mientras un rostro herido enjuaga
su maquillaje de abandono.

Un piano ha soltado sus dedos
de piromanía:

- Ponle la chispa que sólo
te quiero ver arder entre un
rosario y mis ganas de
pedir perdón.

Esto es un mal viaje.

La vileza plástica sin trazo firme
y una ventana privada donde
el aprendiz se gradúa finalmente
mientras roza frentes como
clítoris y se empapa las pupilas
de todos esos sexos.

- Sólo trato de develar el rostro
poético de la Gran Ramera.

- Sólo quiero saber que existen
los hechizos que alguna vez
describiste y no logro encontrar.

La danza de la contemplación y
dejarse ver continúa. Cada día.
Cada vez que presiona el sol
y agita su lengua sedienta y viperina.

Una acuarela luce petrificada
en el fondo de un vaso.

Se desatan cientos de globos
con corazón a doble presión.

El aprendiz extravió los
pincelazos y equivocó las nubes
con abundantes caderas
mientras cabalga sobre una realidad
que llama latidos y no son más
que el eco de todos esos gemidos
saliéndose de su cueva,
con espejo roto, ventana privada
y la musa que pronto le dará la espalda.

- Vete.

viernes, octubre 04, 2019

Flashback en el mirador de Cafesa

Puta de cristal así es la vida
Pedazos de vidrios rotos en color
La luz del sol entrando por los vitrales de una iglesia lasciva
Puta de cristal sos una mantícora que se rasca las tetas
Puta de cristal así es la vida
¿Quién sabe? ¿A quién le importa?
La introducción de una vieja canción que nunca escuchaste
El poster de un jazzman en éxtasis
Tu mano extendida esperando redención
Una pedrada rompe la madrugada que incendia tus botas
Puta de cristal sos hermosa
El sonido de tu  pelo
El sonido de tus piernas que se abren para que te penetren
El sonido de una guitarra acomplejada
Puta de cristal
Sos la madrugada
Puta de cristal así es la vida
Tus mañanas ya fueron
Tus días ya fueron
Un sonido de vidrios rotos
Hace eco
En un salón demasiado vacío
Así es la vida
Puta de cristal
Te amaré por siempre
Y para siempre

viernes, septiembre 27, 2019

De como reseñar un libro

¿Qué sonido emite un libro? Tomo el estetoscopio, escucho atento, una inmensa ola verde, espuma de sexo. ¿cómo suena un libro de cuentos? Reseñar el sonido, un goteo constante, el agua resbalando por el vidrio de la ventana. ¿cómo suena un libro? Tomo el estetoscopio, escucho atento, una vieja bruja habla despacio, consejos lentos, rutas asombrosas, el cosmos.

El sonido de un libro, el sonido de un libro, el sonido de un libro, estruendo sin fin.